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Primarios | Lección 13: Bendiciones en Capernaúm | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Primarios | Lección 13: Bendiciones en Capernaúm | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Primarios | Lección 13: Bendiciones en Capernaúm | 3er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 13 de Primarios - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús

BENDICIONES EN CAPERNAÚM

CUANDO JESÚS ME BENDICE, PUEDO COMPARTIR UNA BENDICIÓN A LOS DEMÁS.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor sonría sobre ti y sea compasivo contigo» (Números 6:24-25).
PALABRA DE LA SEMANA:
BENDICIÓN: Significa un favor o regalo especial que mejora la vida de una persona; por consiguiente, está feliz y contenta. También puedes pedir una bendición: orar a Dios para que cuide de alguien.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Marcos 1:29-34; Lucas 4:38-41; El Deseado de todas las gentes, cap. 26; el Comentario bíblico adventista, t. 5, pp. 558-559.


Domingo

COMPARTIR BENDICIONES EN LA SINAGOGA

Una suave brisa soplaba en el bonito pueblo de Capernaúm. Situado a orillas de un lago, estaba rodeado de agua, verdes colinas, viñedos y olivos. El suave viento mecía las palmeras y refrescaba a la multitud que se había reunido en las calles. Familias, pescadores, granjeros, comerciantes y viajeros se apretujaban. Todos estaban emocionados. ¡Jesús estaba en la ciudad!
Se apresuraron a buscar al nuevo Maestro, ansiosos por aprender más sobre sus caminos y su misión. La multitud se reunió con entusiasmo a su alrededor.
Llegó el sábado y una gran cantidad de personas intentó entrar en la sinagoga para escuchar a Jesús. Algunas tuvieron que retirarse porque no había suficiente espacio. Los que lograron encontrar un lugar escuchaban con atención, no querían perderse ni una sola palabra. ¿Qué pensaban de la forma de enseñar de Jesús? LEE MARCOS 1:22.
Jesús bendijo a todas las personas de Capernaúm mientras les enseñaba la hermosa verdad de Dios. Su fe creció y su corazón se llenó de alegría.
Hay una bendición muy especial esperándonos cuando vamos a la iglesia con el corazón abierto para adorar a Jesús. Él sigue siendo nuestro maestro, y sus palabras en la Biblia nos sorprenderán y nos cambiarán, como sucedió con la gente de Capernaúm. Podemos leerlas y compartirlas en cualquier momento: ¡Qué bendición!
El Espíritu Santo obra en nuestro corazón para atraernos hacia Jesús. Luego nos bendice y nos enseña verdades espirituales que nos ayudan a amar más a Dios. Entonces, podemos compartir nuestra fe con otros para bendecirlos.


Lunes

SÁBADO CON AMIGOS

La multitud en la sinagoga se sentó en silencio, impresionada, mientras pensaba en las poderosas palabras que Jesús acababa de pronunciar. Mientras tanto, Jesús salió silenciosamente por la puerta, para dejar que la gente reflexionara. ¿A dónde fue? LEE MARCOS 1:29.
Jesús acostumbraba quedarse en la casa de Simón Pedro en Capernaúm. Jesús y sus discípulos se habían convertido en familia para Pedro. Toda la familia trataba a Jesús como uno más de ellos. Jesús tenía la bendición de que todos ellos lo aceptaban y lo amaban. Sabía que podía ir allí para almorzar el sábado. También sabía que podía descansar tranquilamente después de predicar toda la mañana a la multitud en la sinagoga.
Mientras Jesús viajaba y enseñaba por toda Galilea, necesitaba personas como Simón Pedro que lo recibieran en su hogar y lo trataran como a uno más de la familia. En la actualidad, muchos miembros de la iglesia son bendecidos cuando los recibimos en nuestro hogar. Aquellos que viven solos, las personas que han perdido a su esposo o esposa, los niños que no tienen a su mamá o papá viviendo con ellos, los refugiados y las personas nuevas en la zona o en el país, los ancianos y los tímidos reciben una bendición cuando los hacemos sentir bienvenidos y parte de nuestra familia.
El plan de Dios es que todos nos sintamos parte de su gran familia. Efesios 2:19 dice: «Ahora ustedes [...] son ciudadanos junto con todo el pueblo santo de Dios. Son miembros de la familia de Dios». Podemos viajar por todo el mundo y encontrar miembros de la gran iglesia de Dios. Adorar y pasar tiempo juntos es una maravillosa bendición familiar a nivel mundial.


Martes

UNA BENDICIÓN SANADORA

Jesús estaba cansado, así que entró en la casa de Pedro y se sentó, pero no duró mucho sentado. Pedro, con una mirada preocupada, se acercó a Jesús y le dijo que la madre de su esposa estaba enferma con una fiebre muy alta. Su cuerpo estaba caliente, como si estuviera ardiendo. Estaba demasiado enferma para hacer otra cosa que quedarse quieta en la cama.
Jesús sabía exactamente qué hacer. Se acercó a la cama de la enferma y la tomó suavemente de la mano. «De pie junto a su cama, Jesús reprendió a la fiebre y la fiebre se fue de la mujer. Ella se levantó de inmediato y les preparó una comida» (Lucas 4:39).
A la orden de Jesús, la fiebre desapareció: No más dolor de cabeza, ni dolor muscular ni alta temperatura. ¡Qué bendición tan maravillosa!
Imagina la felicidad y la alabanza que llenaron la casa de Pedro. Jesús había sanado a muchas personas en las calles y en las colinas, pero ahora había sanado a alguien a quien querían mucho, en la propia casa de la familia de Pedro.
Jesús también nos bendice cuando nos sana. A veces realiza un milagro para sanarnos. Otras veces nos sana con el tiempo. Cuando estamos enfermos con fiebre, nuestra mamá puede ponernos un paño frío en la frente para ayudarnos a refrescarnos, o el doctor puede darnos medicina para tomar. Estas son las formas en que Jesús ayuda a nuestro cuerpo a sanar mientras descansamos. Este tipo de curación puede no parecer un milagro, pero Dios está obrando igualmente. La suegra de Pedro se curó rápidamente, mientras que nosotros podemos curarnos lentamente. Pero ambos tipos de curación son bendiciones maravillosas.
¿Qué podríamos decirle a Dios cuando nos sana a nosotros y a los demás? LEE SALMO 95:1. También puedes alabar a Dios de la siguiente manera: «¡El Señor ha hecho maravillas por nosotros! ¡Qué alegría!» (Salmo 126:3).


Miércoles

BENDECIDA PARA SERVIR

La suegra de Pedro se sentía excelente. Con paso ágil y mirada radiante, se dirigió a la cocina para servir a los invitados. Jesús la había sanado, por lo que de inmediato transmitió la bendición haciendo lo que pudo por los demás. Con alegría, sirvió el almuerzo del sábado a su familia, a Jesús y a los discípulos.
Imagina la alegre charla alrededor de la mesa mientras comían en la casa de Pedro. Puedes estar seguro de que no estaban peleando ni discutiendo. Tampoco estaban dándole órdenes a la suegra de Pedro; más bien, de seguro estaban agradecidos y con la disposición de ayudarla. Cada vez que la vieran, se acordarían del maravilloso milagro de curación que Jesús realizó. Ahora, esta alegría era algo que podían compartir. LEE MATEO 5:16.
Así como la suegra de Pedro sirvió a los demás cuando se curó, nosotros podemos ser una bendición para los demás después de que Dios haya bendecido nuestra vida de manera maravillosa. Por ejemplo, si tienes la bendición de leer bien, podrías ayudar a otra persona a aprender a leer; si la bendición es tener piernas fuertes, podrías hacer alguna tarea para un vecino anciano. Si tu familia tiene la bendición de un auto, podrían llevar a alguien a la iglesia.
Proverbios 11:25 dice: «El generoso prosperará, y el que reanima a otros será reanimado». Cuando somos una bendición para otros, ¡nuestra vida también será bendecida! Es como un gran círculo de bendiciones que gira y gira. Parte de las bendiciones es cómo nos sentimos en nuestro interior después de hacer algo bueno por otra persona.


Jueves

ALEGRÍA POR LAS BENDICIONES COMPARTIDAS

La noticia del milagro se extendió como reguero de pólvora por Capernaúm aquel sábado de tarde. La gente se había quedado asombrada por el Gran Maestro en la sinagoga, ¡pero además Jesús había sanado a la suegra de Pedro! La historia se contaba de casa en casa y en cada esquina.
El corazón de la gente se llenó de esperanza: ¡Quizás a ellos también los podría sanar! Pero no se atrevían a acudir a Jesús en sábado, ya que temían molestar a los rabinos, que consideraban que sanar en sábado era un pecado. Tan pronto como se puso el sol, las puertas se abrieron de par en par y la gente de Capernaúm salió a las calles.
Desde todos los rincones de la ciudad, todos se dirigieron hacia la humilde casa donde se alojaba Jesús. Caminando con dificultad, apoyados en bastones y sostenidos por amigos, la gente acudía. «El toque de su mano los sanaba a todos» (Lucas 4:40). ¿Qué más hizo Jesús por algunas de estas personas llenas de fe? LEE LUCAS 4:41.
Jesús compartió su amor y el poder sanador de Dios al bendecir a cada persona. Y a medida que cada una se sanaba, la alegría se compartía entre la fila de personas que esperaban para encontrarse con Jesús.
La noche era oscura y era tarde cuando la última persona se marchó. El silencio finalmente se apoderó de Capernaúm. Un silencio de gratitud, un silencio de satisfacción, un silencio de alegría. Había sido un día como ningún otro. La siguiente promesa que Dios había anticipado, «ustedes vivirán con gozo y paz» (Isaías 55:12), se había cumplido de una manera especial esa noche.
Cuando Jesús bendice la vida de las personas de maneras maravillosas, la noticia y la alegría se difunden rápidamente. ¡Conviértete en mensajero de esta buena noticia! A Jesús también le agrada bendecir a muchos a la vez, tal como lo hace en la iglesia, para que juntos puedan experimentar su amor.


Viernes

LA ALEGRÍA DE SER UNA BENDICIÓN

Muchos años antes, cuando Jesús tenía 12 años, les había dicho a sus padres: «¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?» (Lucas 2:49). Ahora que estaba ocupado haciendo la obra de Dios de manera pública, esas palabras se habían hecho realidad, especialmente en ese largo y emocionante día en Capernaúm, cuando bendijo a tanta gente.
Jesús bendijo a la gente con las enseñanzas que compartió en la sinagoga.
Jesús y sus discípulos se sintieron bendecidos al sentirse parte de la familia de Pedro.
La familia se sintió bendecida por tener a Jesús con ellos.
La suegra de Pedro fue bendecida con la curación.
Toda la ciudad fue bendecida, ya fuera por haber sido sanada o por haber visto las curaciones de primera mano.
Muchas bendiciones fluyeron de Jesús mientras se ocupaba de los asuntos de su Padre ese día. Y al final del día, Jesús se sintió bendecido por todo lo que había podido hacer por los demás. Su corazón se había llenado de compasión al ver el sufrimiento de aquellos que habían acudido para que los sanara. Luego, su corazón cantó de alegría al bendecir a la gente con salud y consuelo. Jesús estaba muy contento de tener el poder de hacerles el bien y de que estuvieran felices. Había sido un día maravilloso.


Especial de Sábado

¿A DÓNDE SE FUE EL CÁNCER?

Janeesh es un narrador nato a quien Dios ha bendecido con una historia realmente muy especial. Este joven de un pueblito del sur de la India creció amando a Dios y decidió convertirse en pastor. Dejó su pueblo y se fue a estudiar a un seminario. Allí conoció a unos amigos adventistas que lo invitaron a un culto de adoración el viernes por la noche. Nunca había oído hablar del sábado bíblico, y después de muchas preguntas y mucho estudio, aceptó la verdad bíblica con alegría.
Pronto, Janeesh estaba hablando a todo el mundo del sábado y de la pronta venida de Jesús. Le gustaba compartir la Biblia. Predicó en una iglesia que guardaba el domingo y, con el tiempo, toda la iglesia pasó a adorar el sábado.
Un día, Janeesh comenzó a sentirse mal. Tenía dolor en la parte baja de la espalda y también le dolía el estómago de manera constante. Finalmente, fue al médico. Después de un examen y muchas pruebas, el médico le dijo a Janeesh que tenía cáncer y que se había extendido a varias partes de su cuerpo. «Solo te quedan unos seis meses de vida», le dijo el médico.
Janeesh regresó a casa triste, no porque fuera a morir, sino porque no podría compartir el amor de Dios con más personas.
Algunos le dijeron a Janeesh que Dios lo estaba castigando por hacerse adventista o por argumentar con un predicador. Pero Janeesh no les prestó atención; solo oró. Luego comenzó un largo tratamiento contra el cáncer.
Cuando terminó el tratamiento, Janeesh regresó a casa y organizó más reuniones para hablar de Dios y del sábado. ¡De estas reuniones, ocho personas se bautizaron!
Cuando Janeesh regresó para una revisión, los médicos no encontraron ningún signo de cáncer. Janeesh está sano y fuerte. Jesús lo ha bendecido con un milagro de sanación. «Jesús me sanó para que pudiera compartir el amor de Dios con más personas», dice. A Janeesh le agrada decirle a la gente que Jesús los ama y que pronto volverá para llevar a todos los que creen en él a un lugar donde nadie volverá a enfermarse jamás.
(Nota para los padres: Dediquen un momento a explicarle al niño que Dios no siempre cura a las personas de esta manera. A veces, las personas mueren a causa de las enfermedades. Esto no significa que Dios no las ame, sino que debemos comprender que existe un conflicto mayor, del que formamos parte. Debemos confiar en Dios, independientemente de si decide curarnos o no).
Historia adaptada de «Standing Strong for Jesus», Children's Mission, copyright © 2017 Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. Usado y adaptado con permiso.


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