Navigation

Primarios | Lección 6: En el río Jordán | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Primarios | Lección 6: En el río Jordán | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Primarios | Lección 6: En el río Jordán | 3er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 6 de Primarios - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús

EN EL RÍO JORDAN

DIOS PREPARA EL CORAZÓN PARA RECIBIR A JESÚS.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo» (Ezequiel 36:26).
PALABRA DE LA SEMANA:
ARREPENTIRSE: El arrepentimiento significa lamentarse por las cosas malas que has hecho y pedir perdón por tus pecados. Arrepentirse es cambiar de rumbo, alejarse del pecado y acercarse a Dios, como dar un giro completo en U en la carretera. Una vez que alguien se arrepiente, vivirá en paz con Dios y con los demás.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Mateo 3; Marcos 1:1-11; Lucas 3:1-22; Juan 1:6-34; El Deseado de todas las gentes, caps. 10-11; Historia de la redención, cap. 25, pp. 166-167; Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, cap. 13, p. 180. Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 7, pp. 93-108.


Domingo

UN BEBÉ PEQUEÑO, UNA GRAN TAREA

Mientras Jesús iba creciendo, de bebé a niño y, con el tiempo, de alumno a maestro, otro niño especial también crecía para hacer cosas maravillosas para Dios. 

Elisabet abrazó al pequeño Juan mientras meditaba en las palabras que el ángel le había dicho a Zacarías: «Hará que muchos israelitas vuelvan al Señor su Dios» (Lucas 1:16). A este pequeño bebé le esperaba una tarea muy importante. Su mamá, Elisabet, reconoció la gran tarea que ella tenía también. Abrazó a Juan con más fuerza y se comprometió en silencio a compartirle el amor de Dios. 

Cuando Juan llegó a ser lo suficientemente grande como para escuchar historias, Elisabet y Zacarías le contaron el milagro de su nacimiento. Él escuchó cómo el ángel Gabriel se le había aparecido de repente a su papá Zacarías, para decirle que tendrían un hijo. Los fieles padres también le contaron a Juan sobre el milagroso nacimiento de su primo Jesús, unos seis meses después que él, que vivía en Nazaret. En los días en que la gente viajaba a pie, Nazaret, en Galilea, estaba muy lejos de la aldea de Judea donde nació Juan. Aunque no conocía a su primo, Juan aprendió todo sobre él. Sus padres le enseñaron que Jesús era el Mesías prometido, del que Juan debía hablar a todos. 

Juan tendría ayuda para realizar esta importante tarea para Dios. El ángel le había dicho a Zacarías que Juan estaría «lleno del Espíritu Santo» (Lucas 1:15). 

Así como sucedió con Juan, Dios llena nuestro corazón con su amor y nos da al Espíritu Santo para que también podamos hacer lo que él nos pide. «Con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor» (Romanos 5:5).


Lunes

APRENDER Y PREPARARSE

El desierto era un lugar solitario, con colinas áridas y cuevas rocosas. No había ninguna casa con un techo que lo protegiera, ni un horno limpio para hacer pan, ni ningún pueblo cercano donde comprarlo, ni amigos con quienes charlar, ni ropa limpia tejida, ni una cama cómoda. Aun así, ese era el hogar de Juan, y él estaba contento. 

Dios había llamado a Juan a vivir una vida sencilla y saludable, de tal manera que el Espíritu Santo pudiera llegar a su corazón y enseñarle. Dios lo había llevado a un lugar inhóspito y natural. Juan sabía que el desierto era el mejor lugar para aprender de la creación y de los rollos de la Biblia. ¿Por qué crees que es así? 

En el tranquilo desierto, Juan estudiaba los rollos de la Biblia día a día. Aprendió todo lo que pudo sobre el Mesías prometido. También tenía mucho tiempo para orar y escuchar la voz de Dios. Juan solo podía hacer la obra de Dios con su ayuda y el gran poder del Espíritu Santo. 

Lee sobre la obra de Juan en Isaías 40:3-5. Esta descripción de la construcción de caminos fue la forma creativa de Isaías para ilustrar la misión de Juan. Malaquías 4:5-6 dice que Juan fue llamado para ayudar a los padres y a los hijos a amarse más, y para ayudar a los desobedientes a aprender a amar y seguir a Dios (Lucas 1:17). 

A veces, Juan abandonaba el desierto para pasar tiempo en las ciudades, con el fin de estudiar el carácter de las personas y aprender a llegar a su corazón. Oraba por ellos y por la importante obra que tenía por delante. Quería que todos escucharan a Jesús cuando comenzara su gran obra.


Martes

PREDICAR PARA PREPARAR LOS CORAZONES

La voz de Juan resonó en el desierto: «Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca» (Mateo 3:2). 

Con palabras poderosas, una voz fuerte y el poder del Espíritu Santo, Juan exhortaba al pueblo a cambiar: ¡El Mesías está por venir! Vestido con ropa de pelo de camello y proclamando el mensaje, Juan lucía y hablaba como un profeta. ¡Algunos pensaban que era un profeta de la antigüedad que había resucitado! Otros se preguntaban «si Juan era el Mesías» (Lucas 3:15). Pero Juan les dijo con firmeza: «El que viene tras mí, [...] es más poderoso que yo» (Mateo 3:11, RVR 95). 

Juan tenía la atención de todos, y eso era exactamente lo que Dios quería. Sabía que las palabras sencillas y poderosas de Juan los despertarían para poder ver y comprender lo graves que eran sus pecados y lo alejados que estaban de Dios. ¿Qué impulsaba a Juan a seguir predicando? Lee la segunda parte de 2 Pedro 3:9. 

Al principio, el mensaje de Juan conmocionó a las multitudes que acudían en masa a escucharlo. Pero luego muchos se arrepintieron, porque se dieron cuenta de que sus palabras eran ciertas. Así que decidieron que no querían seguir pecando. Cuando se arrepentían, todo el cielo se alegraba, porque «hay alegría en presencia de los ángeles de Dios cuando un solo pecador se arrepiente» (Lucas 15:10). 

Nuestro Dios de amor sabe que a veces cometemos errores, pero esos errores nunca le impiden amarnos. Él nos llama pacientemente a arrepentirnos y volver a él una y otra vez. El Espíritu Santo provoca una sensación de incomodidad en el corazón cuando hemos hecho algo malo. Esa sensación nos impulsa a pedir perdón a quien hemos ofendido y a Dios. Entonces, perdonados por Dios, es como si nunca hubiéramos pecado.


Miércoles

EL ENTUSIASMO SE EXTIENDE

El sol del mediodía brillaba sobre el río Jordán mientras más y más personas se acercaban para escuchar las poderosas palabras de Juan. «Arrepiéntanse», le gritaba a la gente (Mateo 3:2). Esa palabra penetraba en el corazón de muchos como una flecha afilada penetra en un blanco. Arrepiéntanse. Dios los estaba ayudando a darse cuenta de que su corazón era egoísta, orgulloso y lleno de pecado. Como ya no querían ese corazón corrompido, ¿qué hicieron? Lee Mateo 3:6. 

Respondieron mediante el arrepentimiento y permitieron que Dios les quitara sus pecados. Para mostrar la necesidad de él y la fe en su poder para perdonar, se sumergían en el agua para dejar el «antiguo» yo y salían «nuevos» espiritualmente. ¡Imagina lo felices que estaban! 

Algunos de los gobernantes y maestros ricos de Israel también vinieron a bautizarse. Pero Dios le mostró a Juan que no se tomaban en serio el bautismo. Eran personas falsas que pensaban que podían seguir siendo orgullosos, egoístas y crueles. Así que Juan les dijo: «Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios» (Mateo 3:8). 

Las personas que de verdad se arrepentían querían que el bautismo fuera el comienzo de una vida hermosa con Dios, no solo un acto. Dios estaba trabajando en su corazón para cambiarlos, y ellos respondieron con fe. Por lo tanto, le preguntaron a Juan: «¿Qué debemos hacer?». 

Juan respondió: «Si tienes dos camisas, da una a los pobres. Si tienes comida, comparte con los que tienen hambre» (Lucas 3:10-11). Les dijo a los recaudadores de impuestos que no fueran codiciosos, a los soldados que no fueran violentos y a los quejumbrosos que se contentaran con su salario. 

Dios había instado al pueblo a arrepentirse. Habían escuchado a Juan el Bautista y el Espíritu Santo los había impulsado a sentir pesar por sus pecados. Habían pedido perdón a Dios y se habían bautizado. Ahora querían vivir una vida bondadosa y buena, así como compartir el amor de Dios.


Jueves

UN BAUTISMO MUY ESPECIAL

Las noticias sobre el predicador que hablaba sin rodeos en el desierto se extendieron como reguero de pólvora. Pronto llegaron a oídos de Jesús, que se encontraba en la carpintería de Nazaret, y él supo lo que tenía que hacer: guardó sus herramientas, se despidió de su mamá y siguió a la multitud hasta donde estaba Juan. 

Al mirar hacia la colina, Juan vio que Jesús se dirigía al río. Durante meses había estado diciéndole a la gente que se preparara para la venida del Mesías, y ahora el Espíritu Santo le había mostrado que ya estaba ahí. La emoción se reflejaba en la voz de Juan cuando exclamó: «¡Miren! ¡El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1:29).
Juan quería que todos se fijaran en Jesús. 

Jesús sonrió cuando se acercó a Juan para que lo bautizara. Jesús es tan santo que Juan no se sentía digno, como pecador, de bautizarlo. Le dijo: «Yo soy el que necesito que tú me bautices. [...] ¿Por qué vienes tú a mí?» (Mateo 3:14). Pero Jesús instó a Juan a que lo bautizara en el río Jordán de inmediato. 

Después del bautismo, Jesús salió del agua, se arrodilló a la orilla del río y oró para pedir poder para llegar a las personas de corazón duro con su amor, para que aceptaran el regalo de la salvación. Pidió una prueba de que Dios lo había aceptado como su Hijo en esta tierra. ¡Y al instante, Dios respondió! 

Una luz deslumbrante procedente del trono de Dios rodeó a Jesús y él levantó la vista. El Espíritu Santo, en forma de una hermosa paloma blanca, descendió sobre él. Aunque muchos vieron esta asombrosa escena, solo Juan y unos pocos más entendieron este milagro. Todos permanecieron en silencio mientras Jesús resplandecía con una luz santa. Entonces Dios habló desde el cielo. ¿Qué dijo? Lee Mateo 3:17. 

Esas maravillosas palabras conmovieron el corazón de las personas e hicieron crecer su fe. Esas palabras son para todos. Para todos.


Viernes

EL BAUTISMO BÍBLICO

A medida que Jesús crecía, su corazón siempre perteneció a Dios. Había vivido una vida perfecta (1 Pedro 2:22). Jesús nunca había pecado y nunca necesitó arrepentirse, porque no hizo nada malo. Él decidió que Juan lo bautizara por razones muy diferentes. 

Cuando Juan se sintió indigno de bautizar al Hijo de Dios, Jesús dijo: «Así debe hacerse, porque tenemos que cumplir con todo lo que Dios exige» (Mateo 3:15). Jesús se bautizó para ser un ejemplo para nosotros. Quería mostrarnos que su vida estaba entregada a Dios, así como también puede estarlo la nuestra. Cuando nos bautizamos, también entregamos nuestra vida completamente a Dios para mostrar que ahora pertenecemos a Dios. 

Los bautismos son momentos especiales en los que las personas muestran que han entregado su corazón por completo a Jesús y que quieren pertenecer a su familia. Los demás pueden ver que tienen la firme determinación de que Jesús los ayude a confiar en él y seguirlo siempre. 

La familia de Dios celebrará contigo cuando decidas seguir su ejemplo y bautizarte.


Especial de Sábado

CELEBRACIÓN DE SÁBADO

Celebra el sábado de una manera especial que se adapte a tu familia y al clima de esta semana. 

CAMINATA 

Si vives cerca de un lugar junto al agua, ve a dar un paseo allí. Siéntate a descansar e imagina que Juan está bautizando a Jesús en el río Jordán. Agradece a Dios porque prepara tu corazón para que te bautices. 

MANUALIDAD: PALOMAS MÓVILES 

  1. Dibuja una paloma sencilla en una cartulina y recórtala. 
  2. Calca el contorno 11 veces y recorta las palomas. (Tendrás 12 palomas en total). 
  3. Escribe: «(Tu nombre) eres mi hijo amado y me das gran gozo» (Lucas 3:22). 
  4. Une las palomas a unos hilos y ata los hilos a una percha. 
  5. Cuelga la manualidad en tu habitación para recordar esta hermosa verdad. 

ENSEÑANZA: JESÚS NOS PERDONA CUANDO NOS ARREPENTIMOS 

Necesitarás: Un bolígrafo o un marcador soluble en agua; un marcador de tinta permanente. 

Para hacer: Escribe varios errores que hayas cometido recientemente en una hoja con los marcadores solubles en agua. Pon el papel en agua y observa cómo desaparecen las palabras. Piensa en cómo Jesús perdona tus errores siempre que se lo pidas. 

Usa un marcador permanente para escribir «Jesús me ama» en otra hoja. Sumérgela en el agua. Reflexiona en cómo el amor de Jesús por ti nunca se puede borrar.


LECCIONES DE PRIMARIOS
📖 S1 S2 S3 S4 S5 S6
S7 S8 S9 S10 S11 S12 S13



📣 COMPARTE ESTE RECURSO

¿Te fue útil este material? Compártelo con tu grupos de WhatsApp de la Iglesia, JA, Escuela Sabática, padres u otros.

WhatsApp | Facebook | Telegram

✨ APOYA ESTE BLOG

Si este recurso ha sido de bendición para ti, considera apoyarnos:


Dios los bendiga!!!

Share

Post A Comment:

0 comments:

Escribe tu comentario.