Lección 11 de Primarios - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús
DISCÍPULOS EN FORMACIÓN
«El amor que tengan unos por otros será la gran prueba ante el mundo de que son mis discípulos» (Juan 13:35).
INSTRUIR: Significa cuidar, guiar y animar a alguien (o un ser vivo) mientras crece y se desarrolla. Esta semana, piensa en cómo Jesús instruyó a sus discípulos y en cómo te instruye a ti.
La lección de esta semana se basa en las diferentes formas en que Jesús enseñó y alimentó a sus discípulos, tal y como se encuentra en diferentes pasajes del Nuevo Testamento. También se han extraído algunas ideas de El Deseado de todas las gentes para enriquecer esta lección.
¿ÉL LOS ELIGIÓ?
Imagina que eres un niño judío que creció en la época de Jesús. Como muchos niños, tu sueño es convertirte algún día en discípulo de un rabino famoso, un maestro judío que estudia las Escrituras y otros escritos judíos. Para concretar este gran sueño, tendrás que ir a la escuela judía durante muchos años, así que no podrás dedicar mucho tiempo a jugar, sino a trabajar arduamente en tus lecciones de los rollos de la Biblia. Solo entonces podrás pedirle a un rabino que te acepte como su discípulo. ¿Serás lo suficientemente bueno? Si lograste excelentes calificaciones y un comportamiento perfecto, es posible que él te diga: «Sí, sígueme».
Si el rabino te aceptara, vivirías con él e imitarías todo lo que él hace. Aprenderías a comer, dormir, hablar, caminar y pensar exactamente como él. Muchos rabinos creían que honraban a Dios por el comportamiento perfecto, tal como ellos se comportaban. Cuando los imitabas y obedecías sus reglas, creían que Dios también se complacía contigo. Entonces la vida sería buena; vestirías túnicas finas y la gente «común» te iba a respetar.
Cuando llegó Jesús, ¡dio un vuelco a este sueño y a esas ideas generalizadas! Él eligió a sus propios discípulos, y la gente se sorprendió por quienes eligió. Los sacerdotes y los gobernantes eran los más sorprendidos. Jesús eligió a pescadores sin estudios, no a los mejores estudiantes de las mejores escuelas de las sinagogas; a un recaudador de impuestos, a quien consideraban tramposo y mentiroso; a un zelote, alguien que provocaba protestas y hasta infringía la ley; y a gente «común» que vivía como pecadora. ¡Así no se hacían las cosas! Los sacerdotes y los gobernantes se alejaban moviendo la cabeza.
Jesús conocía un versículo de la Biblia que esos rabinos habían pasado por alto. «Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos [...] y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse» (Isaías 55:8). Jesús eligió a un grupo de discípulos inesperado para mostrarnos que Dios ama a todos, porque «Dios es amor» (1 Juan 4:8). Él nos elige tal como somos (pecadores imperfectos) y luego nos promete enseñarnos una nueva forma de amar mientras lo seguimos (2 Timoteo 1:9).
UN REINO DIFERENTE
Todo en Jesús era diferente, no solo cómo eligió a sus discípulos. No vestía túnicas lujosas como los demás rabinos ni llamaba la atención en las calles ni en la sinagoga. No hacía largas oraciones para impresionar a los demás ni se consideraba más importante que ellos. Jesús tampoco enseñaba a sus discípulos como los demás rabinos y, desde luego, no les enseñaba los mismos temas.
La misión de Jesús en la tierra era mostrar a todos cómo es Dios y cómo es su reino de amor. Jesús aprendió del reino de Dios y su amor a través su madre, de los rollos de las Escrituras y de Dios mismo. Ahora quería mostrar a los demás cómo es Dios.
Los reinos de la tierra se enfocan en las riquezas, las coronas, los palacios y tener muchas tierras y siervos. Los reyes a menudo van a la guerra para intentar robar tierras o para proteger su reino de otros reyes codiciosos. Por otra parte, el reino de Dios no se enfoca en las riquezas ni en las luchas. LEE ROMANOS 14:17 y di en voz alta las tres palabras que describen el reino de Dios.
Jesús sabía que la gente esperaba que él, el Mesías, derrocara a los gobernantes romanos y estableciera un reino como todos los demás. Pero Jesús dejó en claro que su reino consiste en vivir juntos en paz, en tener a Jesús en el corazón, no en tener castillos de piedra, poder ni muchas cosas. Aceptar el amor de Dios y amar a los demás trae alegría. Esta fue una de las primeras y más importantes lecciones que Jesús quiso enseñar a sus discípulos. Siguiendo el ejemplo de Jesús, Pablo escribió: «Procuremos que haya armonía en la iglesia y tratemos de edificarnos unos a otros» (Romanos 14:19).
Como seguidor de Jesús, tú eres uno de sus discípulos. Él también te enseña acerca de su reino. Él sabe que tener muchas posesiones, poder o dinero no te hará verdaderamente feliz. No obstante, cuando tienes a Jesús en tu corazón, «el reino de Dios ya está entre ustedes» (Lucas 17:21), y tendrás alegría.
APRENDER OBSERVANDO
Jesús no solo les habló a sus discípulos sobre el reino de los cielos, sino que lo mostró. Jesús, el Maestro, sabía que la vida es un maravilloso libro de lecciones. Cada día que sus discípulos caminaban, hablaban y estaban con él, aprendían observándolo.
La Biblia no nos dice mucho sobre la vida de Jesús en los 30 años anteriores a su bautismo, pero él estaba mostrando silenciosamente a la gente cómo vivir según los caminos de Dios; su vida era un ejemplo. Cuando comenzó su obra pública para Dios y llamó a sus discípulos, su vida se convirtió en un ejemplo aún mayor.
Mientras otros rabinos enseñaban a sus seguidores lo que ellos creían que significaba ser santo, Jesús se dedicaba a enseñar a sus discípulos a dar: cuando convirtió el agua en vino en las bodas de Caná, aprendieron a dar bendiciones inesperadas; cuando alimentó a la multitud en la ladera, la gente aprendió a dar alimento literal y alimento espiritual; cuando sanó a los enfermos y a los entristecidos que acudían a él, aprendieron a dar sanidad y consuelo; cuando enseñaba a la multitud, transmitía el conocimiento de un Dios amoroso.
¿Por qué Jesús se enfocó tanto en enseñar a sus discípulos a dar? LEE SANTIAGO 1:17. Jesús seguía el ejemplo de Dios cuando alimentaba la fe de las personas dándoles lo que necesitaban. Asimismo, era importante que los discípulos aprendieran a seguir el ejemplo de Jesús, para que pudieran seguir dando a la gente y alimentando su fe después de que él regresara al cielo. Mientras los discípulos observaban cómo Jesús daba, su fe se alimentaba.
APRENDER EN LA NATURALEZA
Si estuvieras buscando a Jesús, el maestro, y a sus discípulos, no los encontrarías sentados en los pupitres de un aula, sino al aire libre, reunidos bajo el cielo en una tranquila ladera, en un campo cubierto de pasto o junto a un lago resplandeciente. A Jesús le encantaba enseñar en la naturaleza, lejos de las ciudades bulliciosas donde los oyentes se distraían. Sabía que la gente era más receptiva a sus enseñanzas rodeada de todo lo hermoso que Dios había creado. Su fe crecería al ver el poder de Dios en los árboles altos, las olas que rompían o las flores que florecían a su alrededor. Jesús también sabía que la naturaleza podía ayudarle a enseñar, pues el Salmo 19:1 dice: «Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento despliega la destreza de sus manos».
Jesús atraía la atención de la gente hacia las cosas que tenían cerca para enseñarles verdades importantes. ¿Qué lección enseñó al indicar a sus discípulos que miraran a las aves que volaban sobre sus cabezas? LEE MATEO 6:25-27. Luego, Jesús se refirió a los hermosos lirios que florecían en el campo para hacer otra observación. ¿Qué enseñó Jesús? LEE MATEO 6:28-30.
Jesús enseñaba a grupos grandes y pequeños al aire libre. Como los discípulos estaban siempre con él, escuchaban sus enseñanzas vez tras vez. Cuando él repetía una verdad de la naturaleza, su fe crecía y se acercaban más a Jesús. Cuanto más escuchaban, más entendían; y cuanto más entendían, más capaces eran de hablar del amor de Dios con los demás. «El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos» (Juan 13:35).
Cuando pasamos tiempo con Dios en la naturaleza, nos resulta más fácil estar cerca de él. Entonces, Jesús puede alimentar nuestra fe más fácilmente, a medida que crecemos para ser sus discípulos más cercanos.
HISTORIAS PODEROSAS
Pescadores y granjeros, mamás y niños, pastores y carpinteros: todo tipo de personas acudían a escuchar a Jesús, porque sus enseñanzas eran nuevas y atractivas. Muchos no sabían leer y dependían de los sacerdotes para oír de los rollos de la Biblia cada sábado. A veces no entendían lo que oían, pero entendían a Jesús. Él hacía las cosas sencillas y auténticas. Por eso «la multitud se deleitaba al escucharlo» (Marcos 12:37).
Jesús contaba historias y enseñaba lecciones poderosas basadas en asuntos cotidianos que todos conocían. Hablaba de ovejas y águilas, de sal y de luz, de velas y flores, de semillas y uvas, de puertas y portones. Cada historia hacía crecer su fe en el Dios que los amaba. Por ejemplo, cuando Jesús pronunció las palabras de LUCAS 12:6-7, ¿qué aprendieron sobre el amor de Dios?
Los doce discípulos siempre aprendían al sentarse con las multitudes que seguían a Jesús, pero a veces Jesús también les enseñaba cuando estaban solos y les explicaba temas que les resultaban difíciles de entender (Marcos 7:17).
Jesús alimentó a los discípulos y aumentó su fe de maneras adicionales porque eran sus ayudantes especiales. Los discípulos necesitaban aprender todo lo que pudieran para alimentar la fe de los demás. Esto era importante, porque continuarían la obra de Jesús cuando él regresara al cielo. Entonces contarían historias y enseñarían lecciones poderosas para que creciera el número de discípulos para el reino de Dios. Como discípulos de Jesús, también podemos aprender de sus historias y hablar de ellas a los demás.
ENSÉÑANOS A ORAR
Los discípulos siempre observaban y escuchaban atentamente a Jesús para aprender de su forma de amar. Un día estaban escuchando en silencio a su Maestro orar. Jesús oraba mucho, y sus oraciones eran sencillas y hermosas. Era como si estuviera hablando con un buen amigo al que conocía muy bien.
Los discípulos habían oído a personas hacer oraciones largas y en voz alta para impresionar a los demás, pero nunca habían visto a nadie hablar a solas con Dios en un lugar tranquilo. Querían orar como Jesús, así que uno de ellos le pidió: «Señor, enséñanos a orar» (Lucas 11:1).
Jesús se alegró mucho de enseñarles a orar, porque sabía que hablar con Dios los ayudaría a conocerlo como su mejor amigo y permitiría que Dios cambiara su corazón para que fuera amoroso como el suyo. Esta es una de las mejores y más importantes cosas que un discípulo en crecimiento puede hacer.
Antes de enseñarles a orar con su hermosa oración, Jesús les recordó que a Dios le agrada escuchar oraciones sinceras y auténticas. No quería que dijeran sin pensar las mismas frases de siempre, ni que alardearan. Las oraciones sinceras son las que alimentan la fe y ayudan a los discípulos a confiar en Dios y sentirse cerca de él.
¿Cómo oraba Jesús? LEE MATEO 6:9-13 en voz alta y luego en silencio como tu propia oración. A Jesús le agrada escucharnos orar en cualquier momento y en cualquier lugar, LEE JEREMÍAS 29:12.
¡SEGUIR CRECIENDO!
Rincón de la naturaleza:
¡SEGUIR CRECIENDO!
La montaña más alta de América del Norte es Denali (monte McKinley) en Alaska. Su nombre es muy apropiado, ya que Denali significa «la alta».
Denali es una montaña imponente formada por granito, una roca muy dura. Cubre una superficie de casi 20 000 kilómetros cuadrados (7400 millas cuadradas) y se encuentra sobre una falla sísmica. Esta falla es el punto de encuentro de dos grandes placas móviles de la capa exterior de la Tierra. Las placas en movimiento se denominan placas tectónicas.
A medida que las placas tectónicas bajo Denali empujan unas contra otras, la montaña se comprime y se empuja lentamente hacia arriba. Esto hace que el monte Denali crezca aproximadamente un milímetro (0,04 pulgadas) cada año. Puede que no parezca muy rápido en comparación con la rapidez con la que creces, pero significa que en 100 años la montaña crecería 10 centímetros (4 pulgadas).
Al igual que las placas tectónicas que empujan bajo el Denali le ayudan a crecer, Jesús te ayuda a crecer como uno de sus discípulos. Y al igual que el Denali sigue creciendo cada año, tu fe también puede seguir creciendo cada año.
Historia adaptada de «December 31», de Elaine Egbert, Nature in a Nutshell, copyright © 2003 Review and Herald® Publishing Association. Usado y adaptado con permiso.
SAFARI FOTOGRÁFICO POR LA NATURALEZA
Sal al aire libre con tu familia este sábado para observar más de cerca el amor y el poder de Dios en la naturaleza. Pide a un adulto que te deje usar su teléfono o cámara (con ayuda) para tomar algunas fotos de lo que descubras. También puedes usar un bloc de notas y un lápiz para dibujar.
CRECE: Toma una foto de un ser vivo que comience siendo pequeño. ¿Puedes fotografiar lo mismo cuando haya crecido? Busca algunos ejemplos. Confía en que Jesús también alimentará tu fe.
ILUSTRACIONES BÍBLICAS: ¿Puedes encontrar seres vivos u objetos comunes que sean semejantes a los que Jesús mencionó en las historias que estudiamos esta semana?
PRIMER PLANO: Como discípulo, puedes observar de cerca la vida de Jesús para aprender su forma de amar. ¿Qué primeros planos de la naturaleza puedes capturar que muestren algo inesperado y hermoso?
GRANDE Y ANCHO: Toma una foto que capture la tierra y el cielo y que transmita paz. El reino de Dios es un reino de paz. Busca un enfoque interesante, como un árbol bien formado.
RETRATO: Toma fotos de tu familia. Intenta que sean naturales, no poses. (¡Haz que se rían o jueguen a algo!) Recuérdales que el reino de Dios consiste en amar a los demás.
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