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Infantes | Lección 3: Encontrar a Jesús, el regalo | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

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Infantes | Lección 3: Encontrar a Jesús, el regalo | 3er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 3 de Infantes - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús

ENCONTRAR A JESÚS, EL REGALO

IDEA PRINCIPAL: Jesús es mi Dios. Él quiere que lo busque y lo encuentre.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme» (Jeremías 29:13).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Buscar» - Significa intentar encontrar a alguien o algo. Jesús quiere que lo busquemos con todo el corazón. Algunas cosas que podemos hacer para pasar tiempo con Jesús son orar, leer la Biblia, ir a la Escuela Sabática y cantar alabanzas.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Mateo 2:1-12; Lucas 2:8-38 y en El Deseado de todas las gentes, caps. 4 a 6.


Domingo

Junto al fuego

Las llamas titilaban con tonos amarillos y anaranjados. Chisporroteaban mientras el humo se elevaba hacia el cielo estrellado. Alrededor de las cálidas llamas había unos hombres sentados. 

¿Quiénes eran esos hombres y qué estaban haciendo? Lean Lucas 2:8. 

Las colinas eran su hogar. Durante el día llevaban a las ovejas a pastar hierba verde y crujiente, y a beber en el arroyo. Por la noche acampaban bajo las estrellas, sin dejar de cuidar los rebaños. ¡Ningún lobo hambriento se atrevía a acercarse a sus lanudas ovejas! 

Los pastores reían y charlaban mientras vigilaban las ovejas. Quizás hablaban de la suave y refrescante brisa, de sus familias que estaban en casa o de los nuevos corderitos. Tal vez señalaban el campo a la distancia, lleno de hierba fresca y alta. Sí, ese sería un lugar estupendo para llevar a las ovejas al día siguiente. 

Pero a medida que la noche se volvía más tranquila y silenciosa, los hombres comenzaron a hablar de su tema preferido de conversación: el Salvador prometido. ¿Cuándo vendría? ¿Cómo sería? ¿Qué haría? ¡Cómo deseaban que fuera pronto! 

Inclinando juntos la cabeza, los pastores oraron por el rey cuyo «gobierno es eterno» y cuyo «reino jamás será destruido» (Daniel 7:14).


Lunes

Un anuncio sorpresa

Los pastores miraban el cielo estrellado mientras las ovejas dormían sobre la suave hierba. Todo estaba en silencio. Todo estaba en calma. 

De pronto, un ángel resplandeciente apareció ante ellos. La luz era tan brillante que iluminaba todo el cielo a su alrededor. De la sorpresa, los pastores dieron un salto atrás. Se les abrieron los ojos como platos y les temblaron las rodillas. ¡Estaban asustados! 

«No tengan miedo. Les traigo buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente», les dijo el ángel (Lucas 2:10). 

Los pastores se quedaron boquiabiertos del asombro. Un ángel quería darles a ellos, ¡un grupo de simples pastores!, una buena noticia para todo el mundo. 

¿Qué les dijo el ángel? Lean Lucas 2:11. 

¡El Salvador había venido! ¡El rey prometido del que acababan de hablar había llegado! Se lo imaginaron con músculos grandes y fuertes, una corona y un palacio real. ¡Sí! Estaban ansiosos por inclinarse ante su Gobernante, aquel que, según ellos pensaban, los salvaría de los crueles soldados romanos. 

El ángel les dijo: «Lo reconocerán por la siguiente señal: encontrarán a un niño envuelto en tiras de tela, acostado en un pesebre» (Lucas 2:12). 

Qué extraño que un rey estuviera acostado en un pesebre, ¿no te parece? Pero los pastores miraron al hermoso ángel y asintieron con la cabeza. ¡Qué especial que Dios les hubiera enviado un ángel mensajero! Con un corazón dispuesto, los pastores creyeron lo que les dijo el ángel.


Martes

¡Gloria a Dios!

Los pastores temblaron al oír las palabras del ángel. ¡El rey prometido había nacido! 

Entonces, con un destello, el cielo brilló más que el sol. ¡Miles de ángeles llenaron el firmamento con un gran resplandor! Con sus voces más fuertes y alegres, los ángeles cantaron: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!» (Lucas 2:14). 

Era el canto más hermoso que los pastores habían escuchado jamás. Cuando terminó, los ángeles desaparecieron. La luz se desvaneció y volvió la oscuridad. 

Los pastores apenas podían respirar de lo emocionados que estaban. De un salto, salieron corriendo hacia Belén. Finalmente, jadeando y sin aliento, los pastores se detuvieron frente a un humilde establo. ¡Shh! Allí, con María y José, estaba el bebé Jesús, durmiendo plácidamente en el pesebre. Arrodillándose, los pastores adoraron a Jesús. 

¡Habían encontrado a su rey y salvador! 

De nuevo salieron rápidamente por las calles de Belén. Deteniéndose aquí y allá, contaban su historia por todas partes. ¡Ángeles! ¡Un establo! ¡Un bebé rey! ¡Qué emocionante historia tenían para contar! «Todos los que escucharon el relato de los pasores quedaron asombrados» (Lucas 2:18). 

Y había alguien más que no podía dejar de pensar en aquella historia. ¿Quién era? Lean Lucas 2:19.


Miércoles

Ana y Simeón

María y José caminaban por las calles empedradas de Jerusalén llevando con ellos al bebé Jesús. Aquel era un día muy especial: iban con Jesús al templo. Era el momento de dar gracias a Dios por el regalo del bebé Jesús. 

Los felices padres sonrieron al entregar al bebé Jesús al sacerdote para que hiciera una oración de agradecimiento. El sacerdote tomó al bebé en brazos, ¡pero no tenía ni idea de que era el rey del cielo! Hizo una oración frente al altar y devolvió a Jesús a su mamá. 

Pero hubo alguien que sí se dio cuenta de quién era Jesús: un anciano llamado Simeón que estaba ese día en el templo. Simeón amaba y buscaba mucho a Dios. Cuando vio al bebé Jesús en los brazos de María, supo al instante que aquel era el rey y salvador prometido. Tomó a Jesús en sus brazos e hizo una oración especial de agradecimiento. 

¿Qué dijo Simeón? Lean Lucas 2:30. 

Ana, una anciana de piel arrugada y cabello gris, también estaba en el templo. Ana buscaba a Dios de todo corazón. «Nunca salía del templo, sino que permanecía allí de día y de noche adorando a Dios» (Lucas 2:37). Mientras Simeón sostenía al bebé Jesús, el rostro de Ana se iluminó con el resplandeciente gozo de Dios. Ella sabía que aquel bebé era especial. No pudo contener las palabras de alabanza y dio gracias a Dios porque Jesús, el Salvador prometido, había venido a la tierra.


Jueves

Los astrónomos

Lejos, muy lejos de Belén, vivía un grupo de hombres sabios y buenos. Sabían mucho sobre las estrellas, ¡las mismas estrellas que tú puedes ver por la noche en el cielo! 

¿De dónde eran estos hombres? Lean Mateo 2:1. 

Estos sabios pasaban sus días buscando la verdad y leyendo. Al leer las Escrituras del Antiguo Testamento, descubrieron que el Salvador iba a venir pronto. ¡Qué emoción! 

Entonces, una noche (la misma noche en que nació el bebé Jesús), notaron algo diferente mientras miraban las estrellas brillantes en el cielo nocturno. Era una luz extraña en el cielo. Luego, la luz se desvaneció y se convirtió en una hermosa estrella que se movía. ¡Qué interesante! 

Entonces recordaron las Escrituras del Antiguo Testamento que dicen: «Una estrella se levantará» y «un cetro surgirá de Israel» (Números 24:17). Con emoción, los sabios se dieron cuenta de que debía de ser la estrella del rey de los judíos (Mateo 2:2), la señal especial de Dios de que el rey y salvador había llegado, tal como Dios había prometido. 

Sin saber adónde los llevaría, decidieron seguir la estrella. Ensillaron sus camellos, empacaron y llenaron las alforjas con tres regalos de gran valor para su rey. No importaba lo lejos que estuviera ni lo difícil que fuera el viaje, ¡lo buscarían! Sabían que la promesa de Dios era cierta: «Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme» (Jeremías 29:13).


Viernes

Los sabios buscan al rey

Los sabios viajaron desde tierras lejanas, atravesando desiertos y colinas. Cada noche seguían la estrella. ¡Buscaban al rey prometido! 

Finalmente, tras un laaargo viaje, vieron Jerusalén. Observaron entonces cómo la estrella se detenía justo encima del templo. ¡Debían de estar cerca! 

Emocionados, entraron por las puertas de la ciudad y empezaron a preguntar a la gente dónde podían encontrar al rey recién nacido. La gente ponía cara de no entender; no lo sabían. 

Los sabios fueron al palacio del rey Herodes. «Tal vez él sepa», pensaron. Pero no, Herodes tampoco sabía nada. De hecho, se puso celoso cuando le hicieron esa pregunta. Él era el rey y no quería que hubiera otro rey. 

Cuando salieron de Jerusalén, los sabios no sabían adónde ir. Pero entonces, vieron que la estrella especial se movía de nuevo. Esta vez los llevó directamente a una humilde casita de Belén. 

¿Qué vieron e hicieron los sabios a continuación? Lean Mateo 2:11. 

Los sabios se arrodillaron y adoraron a Jesús. Abrieron sus tesoros y sacaron tres regalos. Le dieron a Jesús oro brillante, incienso especial y un aceite de olor dulce llamado mirra. ¡Esos regalos valían mucho dinero! Eran regalos especiales para un rey. 

Los sabios estaban felices, porque la palabra de Dios era cierta: «Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme» (Jeremías 29:13).


Sábado

Bobbie, el perro maravilla

Frank colocó la última maleta en la parte de atrás del auto. Su esposa, Elizabeth, se subió en el asiento delantero. Con un movimiento de la cola, su perro, Bobbie, saltó a la parte de atrás. ¡Hora de partir! 

Frank y Elizabeth habían decidido hacer un largo viaje por Estados Unidos para visitar a su familia. Esto sucedió hace mucho tiempo, en 1923. Fue un gran viaje pasando montañas, praderas y un árido desierto. 

Finalmente, después de muchos días de viaje, Frank y Elizabeth llegaron al otro lado del país. Cuando se detuvieron en una gasolinera, Bobbie saltó del auto y empezó a mirar y a olfatear por los alrededores. 

De pronto, tres perros corrieron hacia él y lo atacaron. El pobre Bobbie huyó hacia el bosque cercano. 

Cuando regresaron al auto, Frank y Elizabeth esperaban que Bobbie regresara de inmediato, pero no fue así. «Bobbie, hora de irnos», lo llamó Frank. Pero Bobbie no apareció. Esperaron mucho tiempo, pero finalmente, tuvieron que irse. Confiaban en que Bobbie utilizaría su olfato para rastrearlos hasta la casa de sus parientes, que no estaba muy lejos. 

Pasaron muchos días y llegó el momento de que Frank y Elizabeth regresaran a casa. Con el corazón entristecido, emprendieron el largo viaje de vuelta sin su perro Bobbie. 

En el bosque, Bobbie estaba ocupado buscando y tratando de encontrar a sus dueños de nuevo. 

Durante días, semanas y meses, Bobbie viajó de regreso a su hogar, solito. Corrió por campos de hierba alta que se le clavaba, por un desierto polvoriento y por la fría nieve. Nadó por ríos profundos. Él amaba a su familia y no iba a dejar de buscarlos. Bobbie no se rendiría. 

Finalmente, después de seis largos meses, ¡Bobbie logró cruzar el país y volver a casa! Tan pronto como vio a sus dueños, corrió hacia ellos y les lamió la cara. ¡Los había encontrado! 

Jesús quiere que lo amemos y lo busquemos. Él promete: «Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme» (Jeremías 29:13). 

Nosotros no tenemos que cruzar el país para buscar a Jesús. Él está aquí mismo, pero podemos acercarnos más a él poniéndolo en primer lugar en nuestra vida de esta manera: contándole nuestras cosas todos los días, leyendo la Biblia y tomando buenas decisiones que le agraden.


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