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Primarios | Lección 6: El fuego que no se apagaba | 1er Trimestre 2020 | Año A

Lección Primarios 1er Trimestre 2020, Primarios 1 Trimestre 2020

Lección 6 de Primarios
EL FUEGO QUE NO SE APAGABA


Lección Primarios 1er Trimestre 2020


Textos clave y referencias:
Éxodo 3;
Patriarcas y profetas, cap. 22, pp. 225–231.

Versículo para Memorizar:
«Descálzate, porque el lugar donde estás es sagrado»
(Éxodo 3: 5).

Mensaje:
Adoramos a Dios cuando somos reverentes.



¿Alguna vez te has gozado sentado frente a una fogata o viendo arder el fuego de la chimenea en casa? Si no le añades leña al fuego, el fuego se apagará. En nuestra historia de hoy Moisés vio un fuego, pero no quemaba nada y tampoco se apagaba.

Habían pasado cuarenta años desde que Moi sés había huido de Egipto. Él reconocía ahora que había sido un error. Matar no es parte del plan de Dios. Sin embargo Dios no lo había dejado. Él había protegido a Moisés mientras viajaba por el desierto.

Moisés recordaba la primera tarde en Madián. Mientras descansaba cerca de un pozo, algunas pastoras habían ido a sacar agua. Ellas siempre sacaban agua para sus animales de ese pozo. Pero algunos pastores trataron de espantarlas.

Moisés vio lo que estaba pasando. Él las protegió de los pastores. Luego sacó agua para las ovejas que cuidaban las mujeres.


Las mujeres llevaron a Moisés a su hogar y lo alimentaron. Su padre, Jetro, contrató a Moisés para que trabajara con él. Más tarde se casó con una de las hijas de Jetro, una de las pastoras. Y ahora Séfora y él tenían dos hijos.

El Faraón de quien había huido Moisés había muerto. Pero los israelitas estaban peor que nunca. El nuevo Faraón era más cruel que el anterior. Cómo deseaba Moisés no haber tomado el asunto en sus propias manos.

¡Deseaba no haber matado a aquel egipcio! ¡Si solamente hubiera esperado que Dios le mostrara cuándo actuar! Su pueblo podría haber estado libre ahora.

Dios sabía que Moisés estaba listo para guiar a los israelitas. Había aprendido a ser humilde. Había aprendido a esperar en Dios. Había aprendido la paciencia mientras cuidaba las ovejas.

Un día Moisés estaba cuidando los rebaños de su suegro como de costumbre.

Repentinamente, vio una zarza ardiendo. Moisés vio que la zarza se mantenía ardiendo. ¡No dejaba de arder! Así que decidió observarla de cerca. Cuando estuvo ante la zarza, escuchó una voz.
—¡Moisés! ¡Moisés! —dijo la voz.
—Aquí estoy —respondió Moisés.
—No te acerques. Quita tus zapatos. Estás pisando tierra santa —dijo la voz—. Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y de Jacob.


Rápidamente Moisés se quitó las sandalias y se postró.
—He visto la aflicción de mi pueblo. Y quiero que vayas a Faraón y le digas que deje ir a mi pueblo —continuó la voz.
—Pero, Señor, ¿quién soy yo para ir a Faraón? —respondió Moisés.
—Yo estaré contigo —prometió Dios—. Cuando hayan salido de Egipto, vendrán a esta montaña y me adorarán.
—Pero, ¿qué les voy a decir a los israelitas? ¿Quién les diré que me envió? —contestó Moisés.
—Di a los israelitas que el Dios de sus padres te envió. Diles que yo sé lo que está pasando. Diles que yo te he enviado para rescatarlos. Ellos te escucharán —replicó Dios.
—Yo sé que el rey de los egipcios no te creerá. Pero esto me dará una gran oportunidad. Yo haré muchas señales para que todos conozcan que yo soy el Dios verdadero.

Cuando Dios lo dejó, Moisés debe de haberse quedado junto a la zarza pensando y orando. Él amaba, honraba, y respetaba a Dios. Aunque se sentía indigno, haría lo que Dios le había dicho. Por sus actos Moisés adoraría a Dios con verdadera reverencia y respeto. Tú también puedes adorar a Dios con reverencia y respeto.

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Dios lo bendiga!!!

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