Lección 1 de Intermediarios
ALTARES, ALTARES POR TODAS PARTES
Imagina que la mitad de tu familia está a punto de trasladarse a otro lugar. Puedes decidir que te irás o te quedarás. ¿Cómo te sentirías al dejar parte de tu familia y a tus amigos para ir a un lugar del cual no sabes nada?
Génesis 11:27-12:9;
Patriarcas y profetas, cap. 11, pp. 103-109.
“Quien quiera servirme,
debe seguirme; y donde yo esté, allí también estará mi siervo. A quien me sirva, mi Padre lo honrará” (Juan 12:26).
Podemos servir a Dios en cualquier lugar donde él nos guíe.
Lot tuvo que tomar una decisión importante. Por ser tan joven le parecía que los cambios se interponían en su camino. Esos cambios no siempre eran agradables, algunas veces eran algo atemorizantes.
Primeramente su padre Harán murió cuando Lot era joven, por lo que Lot se fue
a vivir con su abuelo Taré. Luego Taré salió con toda su familia de la ciudad
de Ur, donde su padre estaba enterrado. ¡Lot tuvo que empacar y dejar el lugar
donde nació, sus amigos y todo lo que poseía!
Lot se fue con su abuelo rumbo a la tierra de Canaán en compañía de sus tíos Nacor y Abraham. Cuando Lot preguntó cómo sería su nueva casa nadie supo decírselo. El camino más directo a Canaán debía ser cruzando el desierto de Arabia, pero eso era imposible. Nadie habría sobrevivido aquella travesía. En lugar de hacer eso tomaron una ruta alternativa siguiendo el curso del gran río Éufrates. En camino a Canaán, después de haber viajado casi mil kilómetros, se detuvieron en una ciudad llamada Harán.
En su nuevo hogar la vida trajo consigo algunos cambios adicionales a la familia de Lot. En el pasado, habían estado cerca de Dios. Siempre habían seguido su dirección, pero ahora algunos de ellos comenzaron a adorar a otros dioses. Poco a poco empezaron a parecerse a la gente de Harán. Después que el abuelo Taré murió, Abraham, el tío de Lot, dijo que Dios le había ordenado continuar su camino hacia Canaán. Ese había sido su destino desde el principio. Abraham dijo que había llegado el momento de proseguir.
Todos sabían que Abraham era fiel a Dios. Si él decía que Dios le había dado un mensaje, era algo que no podían ignorar. Ahora dijo que Dios le había advertido acerca del peligro de quedarse donde estaban. Canaán parecía estar demasiado lejos, era muy diferente de aquello a lo que la familia estaba acostumbrada. En lugar de vivir en casas cómodas, con cuatro paredes y un techo, quizás pasarían el resto de sus vidas en frágiles tiendas de campaña. Además la gente que vivía en aquel lugar tenía fama de ser más malvada que la gente de Harán. ¿Sería la decisión de ir a Canaán una buena idea? Nacor, tío de Lot, declaró enfáticamente que él y su familia se quedarían donde estaban.
Abraham, su esposa Sara y su familia se prepararon para partir. Mientras empacaban sus cosas, invitaron a Lot para que se fuera con ellos.
—Dios nos ha hecho una promesa —dijo Abraham—. Si seguimos su dirección, nuestro pueblo será una gran nación. Dios lo ha dicho y yo creo en él.
Lot estaba confundido. ¿A cuál de sus tíos debía acompañar?
Finalmente, cuando Abraham estuvo listo para salir, Lot decidió ir con él.
A lo largo de toda aquella gran travesía hacia Canaán, Abraham nunca pretendió ser un gran dirigente. En todas partes donde llegaba siempre decía que Dios era el dirigente de su pueblo. Cuando llegaron al lugar llamado Siquem, acamparon en un ancho y verde valle. Era una región hermosa y fértil, conocida por sus campos de trigo y cebada. Abraham levantó un altar para mostrar su agradecimiento por la dirección de Dios.
Canaán había sido durante mucho tiempo el hogar de la gente que adoraba ídolos. Más adelante, cuando Abraham exploró la tierra de Canaán, se encontró con muchos altares que habían sido construídos para honrar a dioses falsos. Era fácil darse cuenta de que los cananitas ofrecían sacrificios humanos en aquellos altares. En aquel ambiente, él construyó sus propios altares para adorar al verdadero Dios.
Dondequiera que Abraham asentaba su tienda, preparaba inmediatamente un altar y llamaba a todos a la adoración. Lot siempre disfrutaba de aquellas celebraciones. Todos se reunían para alabar a Dios por su dirección. Lot observó la influencia que su tío comenzaba a tener en Canaán. Abraham y Sara llegaron a ser conocidos por toda la nueva región, lo mismo que en Harán, por su servicio y amor por todos. En cualquier lugar donde levantaba su campamento, el altar permanecía como un testigo para todo el que lo viera. Lot aprendió de su tío que podía servir a Dios en cualquier lugar.
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Dios les bendiga!!!
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