Lección 10 de Intermediarios
GUERRERO DE ORACIÓN
¿Has estado alguna vez en una reunión muy grande en medio de cientos de personas que se han congregado para participar en un evento especial? Sucedió algo parecido cuando Salomón convocó al pueblo de Israel para dedicar el nuevo templo.
1 Reyes 8:22-53; 2 Crónicas 5-7;
Profetas y Reyes, cap. 2, pp. 23-32
“Señor, enséñanos a orar”
(Lucas 11:1).
Orar
por los demás es
una forma de
adorar a Dios.
El rey Salomón
estaba de pie frente al magnífico templo que había construido para Dios. Aquel
templo era mucho más grande y majestuoso que la tienda del tabernáculo
edificada por Moisés cuando conducía al pueblo por el desierto.
Habían transcurrido siete años desde que Salomón había dado la orden de comenzar el trabajo de aquel templo. Finalmente había llegado el día oficial de la dedicación. El pueblo de Israel se había reunido con mucha curiosidad. Dirigentes y reyes de otras naciones también estaban presentes, esperando conocer más del famoso rey Salomón y de su Dios.
El séptimo mes era siempre el más adecuado para las celebraciones. La cosecha había terminado y la época de la nueva siembra no había comenzado aún. Era el tiempo de la Fiesta de los Tabernáculos, siete días apartados para agradecer a Dios por la cosecha. Ahora, la gente también celebraría la misericordia de Dios dedicándole sus vidas así como el nuevo templo.
Apareció una comitiva. El arca del pacto, tallada por Bezalel para el santuario original, era trasladada para ocupar su lugar en el nuevo templo. Cada seis pasos los sacerdotes paraban y ofrecían sacrificios a Dios.
Finalmente los sacerdotes y cantores tomaron sus posiciones. Los levitas se vistieron de lino blanco y llevaban címbalos y arpas, 120 sacerdotes tocaban las trompetas.
Repentinamente la nube que representaba la presencia de Dios llenó el Templo. El rey Salomón se arrodilló sobre la plataforma de poco menos de dos metros de altura que había preparado especialmente para la dedicación. La misma estaba junto al altar de los sacrificios, en el atrio del Templo. Todos podían oír su voz mientras se dirigía a Dios en oración.
“Bendito sea el Dios de Israel. El que hizo todo lo que dijo que haría. Señor, Dios de Israel, no hay otro Dios como tú. Tú cumples tus promesas y muestras misericordia con quienes te sirven y te siguen con todo el corazón.
“Oh Dios; ¿morarás realmente aquí en la tierra? ¡Los cielos, y aun los cielos de los cielos, no pueden contener toda tu gloria! Mucho menos esta pequeña e insignificante casa que he construido para ti. Por favor escúchame, me siento tan pequeño e insignificante. Sin embargo, mi Dios, atiende a la oración y la súplica de este siervo tuyo. Oye el clamor y la oración que hoy elevo en tu presencia. Cuando yo (o mi pueblo) oren en este lugar, oye desde el cielo, donde habitas; ¡escucha y perdona! Cuando en el país haya hambre, peste, sequía, o plagas de langostas o saltamontes en los sembrados, o cuando el enemigo sitie alguna de nuestras ciudades, en fin, cuando venga cualquier calamidad o enfermedad, oye sus oraciones desde el cielo, donde habitas y sánalos para que confíen en ti, y te conozcan, y anden en tus caminos.
“Hay extranjeros aquí en Israel, y muchos vendrán aquí para aprender de ti. Oye sus oraciones, y ayúdalos para que te conozcan y te amen como Israel lo hace hoy. Y hazles comprender que en esta casa que he construido para ti se invoque tu nombre.
“Si tu pueblo va a la guerra, y recuerda orar, escúchalos y fortalécelos. Si ellos pecan contra tí (y todos hemos pecado) y te enojas con ellos, y los entregas al enemigo para que se los lleven cautivos, si se vuelven a ti de todo corazón y con toda el alma, y oran a tí, oye tú su oración y su súplica desde el cielo, donde habitas, perdónalos y restáuralos a su tierra.
“Ahora, mi Dios, abre tus ojos y tus oídos y responde la oración que te he elevado en tu santo templo. Permite que tus sacerdotes tengan salvación, y que tus santos, tu pueblo, tengan corazones felices. Recuerda a David, tu siervo y no te apartes de mí, a quien has ungido como rey sobre tu pueblo”.
Repentinamente, descendió fuego del cielo, y ese fuego santo consumió todas las ofrendas y los sacrificios. La gloria llenó la casa. Todo Israel se postró ante Dios.
Salomón había orado, no solamente por él, sino por todo el pueblo, hasta por los visitantes extranjeros. Dios había honrado su oración.
Allí hubo sacrificios, música, cantos y regocijo. Sin embargo, la oración de
Salomón fue una parte importante de la adoración a Dios. Sucede lo mismo con
nosotros. Nuestras oraciones por otros son una parte importante de nuestra
adoración a Dios.
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Dios les bendiga!!!
muy bueno
ResponderBorrarHace un tiempo lamentablemente no se pueden bajar las lecciones on line porque indudablemente quieren que se compre el folleto, o lo que está colgado son folletos viejos como pasa con juveniles. Un negocio para la iglesia organizada en detrimento del aumento espiritual de los niños. Dios nos ayude
ResponderBorrarMe encantó mucho amén,🫶🥺
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