Lección 9 de Intermediarios
EN CONSTRUCCIÓN
¿Alguna vez has asistido a una iglesia que está en construcción? ¿Eres acaso parte de un servicio de adoración dentro de tu iglesia?
Éxodo 35:30-40:38;
Patriarcas y profetas, cap. 30, pp. 3213-326.
“Después me harán un santuario, para que yo habite entre ustedes”
(Éxodo 25:8).
Dios se une a nosotros cuando lo adoramos en la iglesia.
El pueblo de Israel
decidió fabricar y adorar un becerro de oro mientras Moisés, su líder, hablaba
con Dios en la montaña. En el momento en que Dios impartía instrucciones a
Moisés respecto a construir un santuario para que pudiera habitar con su
pueblo, ese mismo pueblo actuaba como si Dios no existiera.
Finalmente Dios y su pueblo actuaron de nuevo en conformidad. Moisés comunicó al pueblo las instrucciones especiales que Dios le había dado para la construcción de lo que sería un reflejo del templo que existe en el cielo. Pero Dios no solamente les dio instrucciones.
Dios le concedió a Bezalel, un miembro de la tribu de Judá, habilidades especiales para realizar trabajos en oro, plata y bronce. Asimismo para cortar y engastar piedras preciosas, para hacer tallados en madera y realizar toda clase de diseños artísticos y artesanías. También le dio a Aholiab, de la tribu de Dan, la habilidad de enseñar a otros.
Sin embargo, ellos no estaban solos. Dios también les impartió a muchos otros conocimientos y habilidades especiales. Todo el pueblo de Israel se preparó para construir un lugar para adorar a Dios, y donde Dios pudiera nuevamente habitar en medio de ellos. Los constructores y artesanos no eran los únicos que participaban en aquel gran proyecto de adoración. Se necesitaban materiales. El pueblo llevaba como ofrenda todo lo necesario para construir el tabernáculo. Moisés comunicó a la gente exactamente lo que se necesitaba. También les dijo que Dios deseaba recibir ofrendas de quienes realmente lo amaban y deseaban dar algo para la construcción de su tabernáculo.
Así comenzó la labor. Cada día iban a trabajar los artesanos. Cada día la gente hacía filas con sus ofrendas de oro, joyas y cualquier otra cosa que se necesitara.
Un día los artesanos y constructores fueron a ver a Moisés. Le pidieron que dijera al pueblo que ya no entregaran más ofrendas. Casi no tenían espacio para trabajar por todas las ofrendas que la gente había llevado. Tenían más que suficiente.
Entonces Moisés anunció que nadie llevara más ofrendas para el santuario. Sin
embargo, continuó el trabajo de edificar un lugar donde Dios podría habitar en
medio de ellos. Primero se hilaron diez grandes cortinas de lino fino y de
lana púrpura, carmesí y escarlata, con querubines artísticamente bordados en
ellas para las paredes del santuario. Cosieron las cortinas con grapas de oro.
Encima de las cortinas de hilo fino pusieron cortinas de pelo de cabra para
cubrir el santuario a la manera de una tienda de campaña. Hicieron travesaños
con bases de plata y los recubrieron de oro. Finalmente para la entrada de la
tienda hicieron una cortina de lana de color púrpura, carmesí y escarlata, y
de lino fino, bordada artísticamente.
El santuario fue construido parte por parte. Así fue como la gente aprendió otra vez a confiar en su Dios y adorarlo.
Finalmente llegó el momento de construir los muebles especiales. El más importante era el arca, el lugar especial donde habitaría Dios. Bezalel mismo trabajó en el arca, tallando cuidadosamente el propiciatorio y los querubines que lo cubrían. Aunque él asignó a otro artesano para que se ocupara de la mesa, del candelabro, del altar del incienso, del altar de los holocaustos y del lavamanos con su pedestal.
Después de eso se preparó la ropa especial y el equipo de los sacerdotes.
Incluyendo todas las ofrendas, el pueblo llevó un poco más de 1,000 kg (2,024 libras) de oro para construir el santuario de Dios. Además aportaron 3,440 kg de plata (7,582 libras), y alrededor de 2,421 kg de bronce (5,337 libras). Asimismo llevaron piedras preciosas, especias, madera especial, la ropa, y pieles de animales.
Moisés inspeccionó todo el trabajo que los artesanos habían hecho. Comprobó que todos habían seguido las instrucciones que Dios les había dado. Moisés estaba complacido, y también lo estaba Dios. Luego el Señor le dio a Moisés instrucciones especiales para armar el santuario el primer día del primer mes.
Cuando todo estuvo en su lugar, la nube a través de la cual Dios mostraba su presencia cubrió el santuario. La gloria de Dios lo llenó. Desde aquel momento la presencia de Dios permaneció con su pueblo mientras iban en marcha hacia la tierra que se les había prometido. Cuando la nube se levantaba del santuario, el pueblo recogía sus tiendas y se mudaba. Cuando la nube se posaba sobre el santuario, el pueblo permanecía en el mismo lugar donde estaban.
Así sucede hoy. Dios se une a nosotros cuando nos reunimos para adorarlo.
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Dios les bendiga!!!
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