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Intermediarios | Lección 6: El cielo: una visión preliminar | 1er Trimestre 2025 | Año B

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Intermediarios | Lección 6: El cielo: una visión preliminar | 1er Trimestre | Año B

Lección 6 de Intermediarios

EL CIELO: UNA VISIÓN PRELIMINAR

 

¿Has soñado alguna vez con una casa nueva, o con una habitación para ti solo? ¿De qué color sería? ¿Qué habría adentro? ¿Puedes imaginar a Jesús diseñando un lugar permanente solo para ti?


Texto y clase de referencias:
Juan 14:1-3; 1 Juan 5:13; Judas 1:21; Juan 5:24,
Primeros escritos, cap. 1, pp. 37-45
Versículo para memorizar:
”No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” (Juan 14:1-3).
Mensaje:
La gracia nos sostiene por siempre.

 

Eran muchas las cosas que Jesús quería decir a sus discípulos antes de dejarlos. Él sabía cuánto lo extrañarían después de que se fuera. Se acercó a ellos y les dijo: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo”.

Juan recordó las palabras de consuelo que Jesús había pronunciado y las incluyó en el evangelio que escribió.

Muchos siglos después, una niña llamada Elena Harmon “se enamoró” de Jesús. Un día Jesús la escogió para darle una visión respecto a cómo sería el cielo.

En su visión, Elena vio a Jesús, tocando una trompeta de plata y sentado en una nube envuelta en llamas de fuego. Todo su pueblo lo recibió en la nube.

Viajaron durante siete días hasta que al fin llegaron a un mar que parecía de cristal. Mientras estaban allí parados Jesús mismo les llevó coronas y las colocó en sus cabezas. Entonces los ángeles se unieron a ellos mientras marchaban a través del mar de vidrio hacia la puerta de la ciudad.

Jesús abrió de par en par la puerta de perlas con brillantes bisagras e invitó a todos a entrar. Una vez adentro, vieron el magnífico trono de Dios. Un río cristalino fluía desde el trono y en cada lado de aquel río estaba el árbol especial de la vida. Aunque parecía como si fueran dos árboles, se unían en su parte superior para formar un solo árbol. Las ramas del árbol se doblaban hasta donde ellos estaban parados y tenían preciosas frutas de oro y plata.


Elena y otros se sentaron en la orilla del río y trataron de recordar algunas de las aflicciones por las que habían pasado cuando estaban en la tierra. Pero no pudieron recordarlas con claridad. Comparada con la belleza que estaban observando y experimentando, todas las aflicciones que habían sufrido mientras esperaban que Jesús regresara a buscarlos parecían insignificantes.

Luego, en su visión, Elena y los demás regresaron con Jesús para ir a la tierra hecha nueva. En esa ocasión llegaron a una montaña. Pero la montaña no pudo sostener a Jesús y se abrió en dos, de modo que se hizo una gran llanura. Mientras miraban vieron la espléndida ciudad de Dios que habían visto antes, y que bajaba para asentarse en la llanura donde ellos estaban. En las afueras de la ciudad Elena vio majestuosas casas de plata, cada una con cuatro columnas cubiertas de perlas. Aquellas casas eran para todos los hijos de Dios que vivían en la tierra. Cada casa tenía un anaquel especial para las coronas que Jesús les había entregado. Ellos ponían sus coronas allí cuando salían a trabajar en el jardín. Pero ni siquiera el trabajo del jardín era como lo que hacían antes. No sudaban ni se cansaban. Era una labor divertida.

En su visión, Elena vio un campo lleno de toda clase de hermosas flores. Las cortó y exclamó: “¡No se marchitarán!”. En otro campo había gran variedad de animales: leones, corderos, leopardos y lobos, todos se llevaban bien. Luego entró en un bosque, pero no era oscuro ni atemorizador como los bosques de ahora. Era claro, brillante y seguro.

Alrededor del monte de Sion había otros siete montes donde crecían rosas y lirios. Los niños subían a los montes y recogían las flores. Algunas veces usaban sus alitas en lugar de correr.

Más adelante en la visión, Elena escuchó que Jesús llamaba a todos para regresar a la ciudad para la cena. “Yo les serviré”, dijo. Cuando todos entraron vieron una mesa de plata que medía muchos kilómetros de largo. Pero aún así podían ver el extremo opuesto de la mesa. Ya estaba servida con frutas del árbol de la vida, maná, almendras, granadas, uvas y muchas otras frutas.

Elena deseaba quedarse para comer del árbol de la vida, pero Jesús le dijo que debía regresar a la tierra para contar a otros lo que había visto. Cuando despertó de la visión, todo parecía oscuro en comparación con lo que había visto. Durante un tiempo se sintió triste y solitaria. Quería regresar a donde todo era gozo y luz.

Elena vio el cielo en visión. Cuando por fin tú y yo lleguemos a ese lugar nos quedaremos allí y comeremos la fruta celestial. La gracia de Dios nos sostendrá para siempre.

 

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Dios les bendiga!!!

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