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Intermediarios | Lección 5: Quédate quieto, observa y entonces canta | 2do Trimestre 2022 | Año C

Intermediarios | Lección 5: Quédate quieto, observa y entonces canta | 2do Trimestre 2022 | Año C

Lección 5 de Intermediarios

QUÉDATE QUIETO, OBSERVA Y ENTONCES CANTA

 

¿Has sentido miedo alguna vez? ¿Te has encontrado solo sin contar con la ayuda de nadie? ¿Oraste y quedaste sorprendido por la respuesta que recibió tu oración?


Texto y clase de referencias:
Éxodo 14; 15:1-21; Patriarcas y profetas, pp. 286-295.
Versículo para memorizar:
“El Señor es mi fuerza y mi cántico; él es mi salvación. Él es mi Dios, y lo alabaré; es el Dios de mi padre, y lo enalteceré” (Éxodo 15:2).
Mensaje:
Alabamos a Dios por su poder manifestado en nuestras vidas.

 

Moisés contempló la ciudad construida con carpas en las proximidades del Mar Rojo. No era precisamente el lugar que Moisés habría elegido para acampar. Estaban atrapados en un callejón sin tener salida. Pero Moisés confiaba en Dios, y sabía que puesto que Dios les había dicho que acamparan allí, era seguro que tenía un plan de escape.

Faraón en Egipto, había comenzado a comprender que había cometido un enorme error al dejar en libertad a los israelitas, quienes hasta entonces habían provisto mano de obra gratuita. ¿Quiénes construirían los palacios y los caminos? Llamó sin demora a una reunión de su gabinete y descubrió que los demás dirigentes pensaban lo mismo que él. Tendrían que ponerse en acción de inmediato para volver las cosas a la normalidad. Los espías informaron que los israelitas estaban acampados a orillas del Mar Rojo y que no podían escapar. No tendrían ninguna dificultad para hacerlos volver. Faraón ordenó que se alistaran 600 carros especiales tirados por caballos para salir de inmediato y que otros carros salieran detrás de ellos en cuanto pudieran hacerlo.

Después del entusiasmo que sintieron al salir de Egipto, los israelitas acamparon y esperaron. Ahora tenían tiempo para pensar. Ahí estaban acampados en un lugar desértico junto al mar. Eran blanco fácil para cualquier ejército que los atacara. Esa no era la Tierra Prometida. ¿Qué les sucedería? Ser esclavos era bastante malo, ¿pero era mejor vivir en el desierto? En Egipto por lo menos tenían buena comida y refugio. Comezaron a quejarse entre ellos.

El ejército egipcio había sido visto a la distancia. La noticia se difundió rápidamente en el campamento. Se quejaron ante Moisés. Le dijeron que sería mejor volver a Egipto antes de ser muertos por los egipcios.

Moisés escuchó pacientemente todas sus quejas y temores. Después les dijo con seguridad:

—No teman. Dios tiene un plan; lo único que tienen que hacer es esperar.

La gente regresó de mala gana a sus tiendas. Moisés se apartó a un lado, habló con Dios, y él le dijo lo que debía hacer:

—Levanta tu vara sobre el mar y haré que las aguas se separen y así haré un camino por donde tú y el pueblo podrán escapar.

Mientras Dios hablaba, la gran columna de nube comenzó a moverse y se interpuso entre los israelitas y los egipcios perseguidores. Cuando anocheció, la nube que daba hacia los israelitas se encendió y los iluminó; en cambio la parte que daba hacia los egipcios se puso negra y aumentó las tinieblas.


Dios envió un viento muy fuerte que empujó las aguas y abrió un camino en el fondo del mar. Los israelitas, tribu por tribu, cruzaron el mar y llegaron a salvo a la orilla opuesta.

Los egipcios comenzaron a ponerse nerviosos al comprender que esas tinieblas no eran normales. ¿Estaba el Dios de los israelitas peleando por ellos? Tal vez lo mejor que podrían hacer era regresar a Egipto. Repentinamente las tinieblas y la nube se levantaron. ¡Las tiendas habían desaparecido! Miraban con incredulidad. Después vieron el camino a través del mar. El temor y el pánico fueron reemplazados por la ira al ver que los esclavos habían escapado. Los egipcios con sus carros se lanzaron en insensata persecución tras los fugitivos.

Los carros comenzaron a atascarse en el barro blando. De pronto, lanzando gritos de pánico, trataron de volver por donde habían venido, pero ya era demasiado tarde. Las aguas comenzaron a caer sobre los egipcios y los anegaron. El ejército egipcio fue destruido, hombres, carros y caballos.

Los israelitas estaban en la playa a salvo, mirando con incredulidad la derrota de sus enemigos. Dios les había dicho que se quedaran quietos y que observaran. Él los libraría. Y eso fue precisamente lo que sucedió. Dios los había librado. ¡Qué Dios tan asombroso era el suyo!

Los israelitas comenzaron a abrazarse felices; reían y lloraban al mismo tiempo. Cantaron un cántico nuevo y especial. Era un canto de redención y esperanza. María, la hermana de Moisés, comenzó a tocar su pandereta y otras mujeres no tardaron en unírsele produciendo música y danzando, mientras el resto de la gente observaba y cantaba para celebrar el gran poder de Dios y su liberación.

 

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Dios les bendiga!!!

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