Lección 12 de Intermediarios
AMIGOS PARA SIEMPRE
¿Has formado parte de un grupo que vitoreaba con entusiasmo a su equipo de fútbol en un estadio? ¿Cómo te sentiste al pertenecer a un grupo con una meta común: contribuir al triunfo de sus jugadores favoritos? Jesús sabía lo que significaba formar parte de un equipo unido.
Juan 17; El Deseado de todas las gentes, pp. 617-635.
”En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes” (1 Pedro 3:8).
El amor de Dios por nosotros nos muestra cómo debemos amarnos unos a otros.
La cena de la Pascua no había sido tan excelente como los discípulos hubieran deseado. Habían esperado esa ocasión como algo realmente espectacular. Estaba por ocurrir algo de gran importancia. Había algo en el aire que lo anunciaba, y que había comenzado con la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un asno. De seguro que esa noche Jesús les revelaría sus planes para establecer su reino.
Cuando el día llegaba a su final, todavía no se habían cumplido las predicciones y Jesús, su Maestro, había comenzado a lavarles los pies.
La cena había sido tranquila y Jesús había hablado en una forma que había causado la impresión de que se alejaría de ellos, y no había compartido sus planes para derribar el gobierno romano. Los discípulos se sentían confundidos. Amaban a Jesús. Era imposible que él no comprendiera que ahora era el momento de actuar.
Los discípulos no prestaron atención cuando Judas se deslizó disimuladamente fuera de la habitación. Su salida no despertó sospechas en ellos, porque otras veces había hecho lo mismo. Sólo Jesús lo notó y su rostro había adquirido una expresión de tristeza como si quisiera llamarlo para que regresara.
Jesús observó a los otros once discípulos. Eran sus mejores amigos. Los conocía muy bien, sus buenas cualidades y sus debilidades, lo que los hacía felices y lo que los entristecía. También conocía sus expectativas y sabía que sentirían intensa frustración y dolor cuando no se cumpliera lo que deseaban. Podía ayudarles a comprender lo que estaba por suceder.
Jesús conocía a Dios como su Padre y Amigo. Dios estaba con él todo el tiempo. Hablaban juntos y eran como una sola persona. Jesús sabía que si sus discípulos lograban entender eso, no sufrirían una devastación emocional tan intensa cuando presenciaran su juicio y crucifixión.
Se estaba haciendo tarde y pronto sería hora de irse. Jesús habló poco en el camino al huerto. Pero antes de retirarse, Jesús deseaba orar algo más con su Padre, quien amaba a los discípulos tanto como Jesús. Jesús levantó los brazos y comenzó a orar diciendo:
“Padre, ha llegado la hora. He terminado la obra que me encargaste. Me diste poder sobre todos para que pudieran tener vida eterna. La vida eterna es conocerte como el único Dios verdadero y a Jesús como tu Hijo. Te he dado honra y gloria. Ahora, Padre, restaura la honra y la gloria que tuve antes de la creación del mundo.
“Te agradezco por los amigos especiales que me diste en este mundo. Te he dado a conocer a ellos. Ellos creen que tú me enviaste a ellos y han acepado y obedecido todas las cosas que compartí con ellos.
“No estoy orando por todo el mundo, sino por estos amigos especiales. Tú sabes que es tiempo de que me vaya para reunirme contigo, pero estos amigos especiales quedarán viviendo aquí. Padre, te ruego que los protejas mediante el poder de tu nombre. Cuando yo estaba con ellos podía protegerlos y mantenerlos seguros. Sólo uno se perdió, pero sabíamos que eso sucedería.
“Quiero compartir estas cosas con mis amigos mientras estoy con ellos, para que ellos puedan tener el mismo gozo e intimidad que nosotros tenemos. Los que se relacionan con ellos los odian porque ellos creen en tus enseñanzas. Ya no pertenecen a este mundo. No quiero que los quites del mundo, sino que los protejas, tal como me has protegido. Me enviaste a este mundo y ahora yo los envío a ellos.
“Padre, no oro únicamente por estos amigos, sino por todos los que escuchen y crean en el futuro. Quiero que todos ellos disfruten de la misma admirable unidad que tú y yo gozamos. Mediante nuestra unidad el mundo creerá que tú me enviaste.
“Haz que tengan completa unidad para que estén dispuestos a conocer que tú me enviaste, y ámalos en la misma forma como me has amado a mí. Amén”.
Judas traicionó a Jesús esa noche. Los discípulos pasaron un fin de semana de solitaria desesperación. Pero después recordaron que Jesús había compartido con ellos el mensaje especial de cómo debía trabajar una comunidad cristiana. Debían confiar en Dios en todo lo que hacían y al permanecer conectados con Dios, también se mantendrían conectados unos con otros.
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Dios les bendiga!!!
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