Lección 2 de Intermediarios
UN CIERVO INESPERADO
¿Cómo te sentirías si te ofrecieras para ayudar a alguien y esa persona te rechazara con rudeza? ¿La ayudarías de todos modos? ¿Has pensado que al seguir el ejemplo de Jesús realizarías algunas cosas inesperadas?
Mateo 20:20-28; Juan 13:1-17; El Deseado de todas las gentes, pp. 598-607.
“Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:26-28).
Aprendemos a servir siguiendo el ejemplo de Jesús.
Jerusalén estaba llena de gente esa noche. Habían venido judíos de todo el mundo para celebrar la Pascua. Todos los judíos procuraban estar en Jerusalén para celebrar esa fiesta. En esa festividad recordaban la importante ocasión cuando los israelitas fueron puestos en libertad de la esclavitud en Egipto.
Jesús y sus doce discípulos se reunieron en el aposento alto. Los discípulos tenían grandes esperanzas. Jesús había estado hablando acerca del establecimiento de su reino. Los discípulos suponían que eso significaba que se rebelaría contra la opresión de los dirigentes romanos y que establecería su propio gobierno. Pensaban que en la Pascua tendría una gran multitud que sería testigo de su coronación.
Los discípulos discutían sobre quiénes sereian elegidos por Jesús como ministros de su gabinete. Este asunto había inducido a Juan y Santiago a pedir a su madre que solicitara a Jesús esos cargos para ellos. Los demás discípulos la habían oído rogar a Jesús que nombrara a Juan y Santiago como sus ministros principales. Los diez discípulos estaban molestos con Juan y Santiago. Les pidieron explicaciones. Cuando todos llegaron al aposento alto estaban tan enojados que no se hablaban unos a otros.
Todos competían por sentarse cerca de Jesús, como pelean los hermanos y las hermanas cuando desean sentarse en las rodillas de su padre. Cuando Judas trataba de aproximarse a Jesús por la izquierda, Juan corría a sentarse junto a Jesús en el lado derecho. Judas estaba decidido a impedir que Santiago y Juan ocuparan los puestos principales en el supuesto gobierno de Jesús, porque pensaba que él era el mejor educado en todo el grupo.
Mientras tanto, la atención de Jesús estaba en los acontecimientos que ocurrirían al día siguiente. Sufriría una muerte cruel. La comida que se serviría con sus discípulos sería su última cena. Deseaba ver un espíritu de unidad y amor entre ellos. Quería que se interesaran más en las necesidades de los demás.
Era costumbre que en ocasión de una fiesta, un siervo lavara los pies de las visitas. En ese aposento, el lebrillo o fuente, las toallas y el cántaro con agua estaban en su lugar. Pero no había presente ningún siervo.
Judas miró a Pedro como si quisiera decir: “Pedro, este es tu trabajo. Después de todo, has sido pescador”. Pedro miró hacia otro lado como si ignorara lo que había que hacer. Jesús observó a sus discípulos. Sabía que pensaban que sólo un siervo podía hacer ese trabajo.
Jesús a continuación se levantó de la mesa, se quitó el manto. Se ciñó una toalla a la cintura y echó agua en una palangana. Los discípulos comenzaron a rascarse la cabeza, preguntándose qué hacía Jesús. Jesús se arrodilló frente a Judas.
—Necesitas que te lave. Mete el pie en la palangana, mi amigo —le dijo Jesús.
Judas sintió la tibieza de las manos de Jesús que lavaban sus pies llenos de tierra.
Jesús siguió alrededor de la mesa discípulo por discípulo. Cuando llegó a Pedro, Jesús le dijo que metiera los pies en el agua.
—Señor, ¿tú me lavas los pies? —preguntó Pedro.
—Tú no comprendes ahora lo que hago, pero lo entenderás después —contestó Jesús.
—¡No, Señor! —exclamó Pedro retirando los pies del agua—. No puedes lavarme los pies.
—Si no te lavo los pies entonces no eres uno de mis seguidores —explicó Jesús.
Pedro puso ambos pies en el agua y preguntó:
—¿Puedes lavarme también la cabeza.
Pero Judas despreció la humildad de Jesús. No causaba la impresión de ser el Mesías esperado. No estaba listo para ser coronado rey.
Judas se retiró en cuanto tuvo la oportunidad de hacerlo, y fue en busca del sumo sacerdote. Pensaba que tendría que hacer algo para obligar a Jesús a actuar como la clase de dirigente que él creía que debía ser.
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Dios les bendiga!!!
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