Lección 1 de Intermediarios
ADOPTADA POR EL ENEMIGO
¿Alguna vez has visto al equipo ganador de la escuela, y has deseado ser parte de él? ¿Sentiste que no eras lo suficientemente especial para pertenecer a él, y que te costaría demasiado que te acepten? ¿Puedes imaginar la emoción de que el capitán se te acerque, y te diga: “Hola, te quiero en mi equipo”?
Josué 2; Patriarcas y profetas, pp. 514- 516, 524.
"Te tomé de los confines de la tierra, te llamé de los rincones más remotos [...]. Yo te escogí; no te rechacé" (Isaías 41:9).
Dios quiere que formemos parte de su familia.
Dos hombres barbudos se arrastraron entre las sombras hacia una gran puerta de madera. Entraron sigilosamente, pues necesitaban algo de comer. Pero aparte de eso, debían escuchar lo que comentaba la gente del lugar. Los hombres eran espías que había enviado Josué, el líder israelita, a Jericó. Estaban en una misión secreta para buscar información de la ciudad, antes de que los israelitas la atacaran por orden de Dios.
Una mujer de nombre Rahab reconoció a los dos extraños y les dijo con premura:
—Suban al techo rápidamente. Tengo algunos manojos de lino secándose para hacer hilo. Escóndanse debajo de ellos y espérenme. El rey ya sabe que ustedes están en la ciudad y los está buscando.
Rahab había escuchado rumores acerca de los israelitas y de su Dios. Sabía que la ciudad estaba en alerta. Todo el mundo estaba buscando a los espías.
Los dos hombres subieron las escaleras hacia el techo rápidamente. Sabían que si eran capturados por el rey de Jericó, serían ejecutados. Esperaron pacientemente bajo los ásperos manojos, confiando que Dios continuaría protegiéndolos. Escuchaban atentamente cada sonido.
De repente, escucharon unos fuertes golpes en la pesada puerta de madera de la casa. Voces poco amigables llenaron la habitación.
—¿Dónde están los dos extraños? —gritaron los soldados—. ¡Tenemos un reporte de que fueron vistos aquí!
El corazón de Rahab latía fuertemente.
—Así es —respondió Rahab simulando tranquilidad—. Yo los vi. Vinieron temprano buscando comida, y creo que buscaban también información. Pero como podrán ver, ya no están aquí. Me alegra que los estén buscando, pues me puse muy nerviosa. Los mensajeros del rey abandonaron el lugar refunfuñando, mientras Rahab aseguraba por dentro la pesada puerta.
Rápidamente corrió hasta el techo escaleras arriba, buscando a los espías escondidos entre los manojos.
—Sus perseguidores han salido de las puertas de la ciudad. Se dirigieron hacia
las riveras del Jordán, a un lugar en donde se puede cruzar el río con
facilidad. Si quieren, pueden dormir un poco, mientras yo pienso cómo sacarlos
de aquí. No estarán seguros hasta que regresen a su campamento.
Con una tranquilizadora sonrisa, Rahab salió.
Los espías se miraron entre sí. ¿Podrían confiar en ella? No tenían otra opción. Entonces permanecieron tranquilos, pero alertas, turnándose para dormir de a ratos. Más tarde, Rahab regresó con una cuerda enrollada en su hombro. Los hombres se sentaron y sacudieron el lino de sus túnicas.
—Miren —Rahab se arrodilló junto a ellos para explicarles—: Mi casa está junto al muro de la ciudad. Si colgamos esta cuerda por el muro, ustedes podrán bajar por ella.
¡Pero deben apresurarse! Si escapan antes de que amanezca, podrán esconderse
en el monte. Si sus perseguidores regresan, será demasiado tarde. Los hombres
se miraron con alivio, y le preguntaron:
—¿Por qué nos has ayudado de esta manera?
—Sé que Dios ha entregado esta tierra a su pueblo, incluyendo nuestra ciudad —respondió Rahab de inmediato—. Todo el mundo en Jericó tiene miedo de morir. Estamos aterrados. Todos hemos escuchado acerca de las cosas maravillosas que Dios hizo por ustedes mientras salían de Egipto. Por favor, ayúdenme como yo los estoy ayudando. Yo creo en su Dios, y en lo que él está haciendo con su pueblo. Prométanme que me salvarán junto con mis padres y mis hermanos, cuando su ejército venga a destruir la ciudad. Denme una señal de que no nos matarán, ya que no los entregué a los hombres del rey.
—Muy bien —estuvieron de acuerdo los espías—. Nuestras vidas por las tuyas. Si mantienes en secreto nuestra visita, tendremos misericordia de ti cuando Dios nos entregue la tierra.
Al parecer, Dios ya había incluido a Rahab en sus planes. —Pero —dijo uno de los hombres mientras probaba la seguridad de la cuerda—, no podremos mantener nuestro trato, a menos que ates un cordón escarlata en tu ventana, y que tu padre, madre, hermanos y hermanas, estén en la casa en ese momento.
Rahab observó a los espías mientras bajaban por la cuerda y se escurrían entre los árboles, y miró luego la cuerda. ¿Cuál sería el desenlace de este arreglo especial que había hecho con los espías israelitas?
Más tarde, cuando el pueblo de Israel marchó alrededor de Jericó, tal y como Dios se los había indicado, la ciudad entera se desplomó.
Todos murieron, excepto aquellos que se encontraban en la casa de Rahab, en donde un cordón escarlata colgaba de una ventana.
Josué, el líder israelita, mandó llamar a los espías. —Vayan a los escombros —les indicó—, y busquen a la mujer que los ayudó. Saquen a todos los que hayan sobrevivido con ella.
Los dos hombres salieron para cumplir el mandato. Rahab y la familia que se había reunido en su casa fueron puestos a salvo de la destrucción, en un lugar fuera del campamento de los israelitas. Todos en la casa con un cordón escarlata que colgaba de la ventana habían sido salvados.
Rahab creyó en el poder de Dios. Nunca se imaginó que sería una de las bisabuelas de Jesús. Probablemente no supo que el cordón escarlata en su ventana les recordaría a otros la sangre salvadora de Jesús. Lo único que sabía era que Dios la había elegido y la había incluido en su familia. Dios siempre está buscando personas para que pertenezcan a su familia.
📖 | L1 | L2 | L3 | L4 | L5 | L6 |
L7 | L8 | L9 | L10 | L11 | L12 | L13 |
Dios les bendiga!!!
Post A Comment:
0 comments:
Escribe tu comentario.