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Intermediarios | Lección 8: ¿Alerta o embotado? | 1er Trimestre 2022 | Año C

Lección 8 de Intermediarios

¿ALERTA O EMBOTADO?

 

¿Alguna vez has tratado de hablar con alguien por teléfono y has sido interrumpido por una mala conexión? Es frustrante. Así es la frustración que Dios siente cuando trata de comunicarse con personas cuyas mentes están nubladas por sustancias dañinas que interfieren con la conexión.


Texto y clase de referencias:
Mateo 14:1-13; El Deseado de todas las gentes, pp. 185-197.
Versículo para memorizar:
“Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Romanos 12:1).
Mensaje:
Adoramos a Dios cuando le ofrecemos cuerpos y mentes sanos.

 

Día tras día, Juan el Bautista esperaba en su oscuro calabozo. Pensaba en sus días junto al río Jordán. Recordaba cómo recorría en las mañanas su orilla, sus largas horas de tranquila conversación con Dios. Recordaba sus predicaciones ante cientos de hombres, mujeres y niños, quienes luego se alineaban para el bautismo. Recordaba también a los muchos sacerdotes y líderes que murmuraban, discutían y deseaban que se callara y se fuera de allí.

Uno de estos oyentes renuentes había sido el mismísimo Herodes Antipas, gobernador local. Juan recordó el día en que lo había visto escuchando al final de la multitud.

“Arrepiéntanse y bautícense”, había predicado. “Arrepiéntanse de sus caminos egoístas, de sus mentiras, su orgullo, su adulterio. No sean como Herodes, quien tomó a la esposa de su propio hermano para sí.Arrepiéntanse y bautícense. Prepárense para el reino de Dios. Ya casi está aquí el Mesías”.

Juan había mirado a Herodes de reojo. El rey no podía esconder su temor. Después que todas las personas se hubieron marchado a sus casas, Herodes se acercó a Juan para conversar con él. Desde ese momento, ambos conversaron en varias ocasiones.

Ya en su casa, Herodes estuvo actuando de manera diferente a la habitual. Pero Herodías, la esposa que había tomado de su hermano, no estaba muy complacida con sus cambios.

—Tienes que dejar de ir a escuchar a ese profeta —le pidió.

—Pero… —susurró Herodes—, ¿y si tiene razón? ¿Y si tenemos que separarnos? Hemos hecho daño a muchas personas, y somos un terrible ejemplo.

—Deja de hablar así —replicó Herodías severamente—. Sé hombre, y arresta a ese tipo por habernos insultado. Échalo en el calabozo. ¡Si no lo haces, no te dirigiré más la palabra!

Herodías se dio la vuelta, y su hermosa figura abandonó la habitación. Herodes hizo lo que se le pidió. No por Juan, sino por Herodías, la mujer con la que no debía estar y a la que no podía dejar.

Los días pasaron. Él sabía que Juan era un profeta, pero no podía dar su brazo a torcer liberándolo. Tampoco quería asesinarlo como deseaba Herodías.

Herodías siguió ingeniándosela para librarse del profeta que estaba tratando de arruinar su vida. Finalmente, llegó su oportunidad. Una gran fiesta se llevó a cabo con motivo del cumpleaños de Herodes. Las mesas estaban repletas de comida y de bebidas embriagantes. En ellas se sentaban personas que buscaban impresionar a Herodes y a quienes él quería impresionar.

Herodías lo alentó a comer y beber para que olvidara sus problemas.

—Ven —sugería suavemente—, toma otra bebida y relájate. Te tengo una sorpresa.

La conciencia de Herodes se apagó por esa noche. Simplemente se dejó llevar. Una banda musical se agrupó a su derecha. Mientras el excitante ritmo de la música palpitaba y llenaba el recinto, una joven mujer comenzó a mecer su cuerpo bailando cada vez más cerca del rey.


Salomé, la hija de Herodías y de Felipe, era el entretenimiento sorpresa. Ella cautivó por completo la atención de Herodes y de sus invitados. Herodes sintió lo mismo que cuando vio a Herodías por primera vez. No se encontraba en sus cabales. Estaba completamente ebrio.

Cuando la danza se detuvo, Herodes le hizo señas a Salomé para que se acercara a su mesa. Quería impresionarla así como ella lo había impresionado a él. Quería parecer poderoso y generoso, pero sus palabras fluían balbucientes por el licor.

—Deliciosa… deliciosa… tu danza fue deliciosa. Pídeme lo que quieras, cualquier cosa que quieras —dijo con una sonrisa tonta.

Algunos de los invitados que aún podían pensar con lucidez, observaban sorprendidos a la muchacha. ¿Qué respondería ella a tan insensata generosidad? ¿La tomaría en forma ingenua, o sacaría partido de un borracho fuera de sí?

Salomé corrió hacia su madre por instrucciones. Herodías le habló al oído, y la chica regresó a Herodes, quien aún estaba murmurando, hasta la mitad de mi reino, hasta la mitad de mi reino.

El salón permanecía en silencio, mientras Salomé se erguía decidida delante de Herodes.

—Quiero la cabeza de Juan el Bautista en un plato —dijo la chica con seriedad. Herodes comenzó a reír. Pensó que Salomé bromeaba, pues ella también estaba ebria. —No hay nada de que reírse —dijo, con sus ojos reflejando el fuego de las antorchas—. ¡Quiero su cabeza en una bandeja ahora!

Herodes miró a sus huéspedes detrás de ella, esperando su reacción. Más allá vio a Herodías. Volvió a posar su mirada en los fieros ojos de Salomé. No tenía poder para decidir justamente. Levantó su mano y llamó a un siervo para que llevara un mensaje a la prisión. Antes de que terminara la noche, Salomé y Herodías tenían una ensangrentada cabeza en una bandeja, y Herodes había perdido el último vestigio de conciencia que tenía.

 

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Dios les bendiga!!!

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