Lección 13 de Intermediarios
CORRIENDO CON DIOS
¿Has pensado alguna vez que habías enredado tanto tu vida que las cosas no volverían a ser iguales otra vez? ¿Dudaste de que hubiera algo de esperanza para el futuro? Elías escapó de Dios y le pidió que lo dejara morir, pero finalmente Dios lo llevó al cielo en un medio de transporte especial enviado a buscarlo.
1 Reyes 19:15-18; Mateo 17:1-5; Profetas y reyes, pp. 169-171.
“Podrá tropezar, pero no caerá, porque el Señor lo sostiene de la mano” (Salmo 37:24).
Dios perdona nuestros errores y nos ayuda a unirnos a él en su obra.
Elías permanecía sentado muy tranquilo. Observaba el panorama desde la entrada de la caverna. El asombro que sentía hizo que sacudiera la cabeza. ¡Dios le había hablado personalmente!
Comprendió que haber huido de la reina Jezabel no formaba parte del plan de Dios. Él deseaba que se quedara para destruir el poder de los adoradores de Baal. Escapar del cumplimiento de su deber no había sido actuar con inteligencia. Eso lo hizo sentirse avergonzado.
Pero Elías no se había sentado a pensar en sí mismo. Tenía trabajo que debía hacer. Dios le había dicho: “Vuelve por el camino por donde viniste”. Le dijo que tenía trabajo para él. Ahora Elías volvería a correr con Dios en vez de escapar de él. Elías se envolvió en su manto y sonrió. Podía anticipar la alegría de Dios al darle renovadas fuerzas. Inició el camino de regreso a Israel y Jezreel.
Elías miraba a su alrededor y veía el amor y la gracia de Dios revelados en todas las cosas. Cuando iba huyendo, todas las cosas tenían un aspecto sombrío, opaco y mortecino debido a la prolongada sequía. En cambio ahora abundaba el agua, lo cual había hecho reverdecer los árboles y las plantas. Elías ya no sentía temor. Nuevamente haría la obra de Dios.
Elías viajó por todo Israel para enseñar a la gente a conocer, amar y obedecer al Dios verdadero. Compartió su encuentro con Dios en una caverna del monte Horeb. Les habló del perdón, la paciencia y la gracia de Dios. Dios le había dado una segunda oportunidad.
Uno de los trabajos especiales que Elías debía hacer consistía en volver a establecer tres escuelas. Las llamaban escuelas de los profetas. El profeta Samuel las había establecido muchos años antes con el fin de preparar a gente joven para que comprendiera a Dios y enseñara acerca de él.
Dios pidió a Elías que preparara a Eliseo para que tomara su lugar y se encargara de su obra después de que Elías fuera llevado al cielo. Estos dos profetas continuaron trabajando para Dios y compartiendo sus enseñanzas.
Cierto día Dios le dijo a Elías que su obra en este mundo estaba por concluir, y que enviaría un carro especial para que lo llevara al cielo. Elías una vez había huido de Dios, pero ahora viajaría con él hasta el lugar donde Dios vivía para que morara con él eternamente. Ese día llegó cuando Elías y Eliseo caminaban juntos en cierto momento. Un carro de fuego descendió del cielo y arrebató a Elías y se lo llevó.
Pero esta no fue la última vez que oímos acerca de Elías y su obra para Dios. Elías fue al cielo para ser un representante de toda la gente que esté viva en este mundo cuando Jesús venga a buscar a sus hijos que le aman y le obedecen. Al igual que Elías, esa gente —y es de esperar que también tú y yo— sea transformada y llevada al cielo sin morir. Elías volvió una vez a esta tierra como representante de esa gente.
Cuando Jesús vivía en la tierra, un día estaba pensando en el gran sacrificio que estaba realizando por nosotros. Elías vino desde el cielo una vez, acompañado por Moisés, para animar y reconfortar a Jesús. Elías le recordó a toda la gente que un día podría ir al cielo sin morir. Y Moisés estaba ahí para recordarle a Jesús toda la gente que había muerto pero que resucitaría e iría al cielo cuando él viniera por segunda vez.
Elías no solo reconfortó a Jesús, sino además a los tres discípulos que estaban con él. Los que dirigirían la iglesia cristiana cuando Jesús ascendiera al cielo.
De modo que Elías, de persona desanimada que deseaba morir, llegó a ser uno de los profetas de Dios más importantes. ¡Qué Dios más asombroso! Es un Dios que nunca nos abandona, que nos levanta cuando caemos, o nos encuentra cuando huimos de él. Es un Dios que vuelve a ponernos en el camino recto y nos ayuda a ser lo que él se propone que seamos.
Así es el Dios a quien debemos adorar. Así es el Dios a quien debemos alabar. Así es el Dios a quien debemos glorificar toda nuestra vida.
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Dios les bendiga!!!
Muchas gracias por ASER esta página
ResponderBorrarMuchas gracias
ResponderBorrarMuy bueno!
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