Lección 3 de Intermediarios
LA BATALLA DE DIOS
¿Se ha burlado alguien de ti porque hacías lo que era correcto? ¿O bien ha tratado alguien de obligarte a que dejes de hacer algo que sabías que era correcto? ¿Te has desanimado y sentido deseos de dejar de hacer algo que considerabas correcto? Así se sintieron Nehemías y muchos de los judíos que participaban en la reedificación de la muralla de Jerusalén. Lee lo que sigue para descubrir lo que sucedió.
Nehemías 4; 5; Profetas y reyes, pp. 477-482.
“Una vez que nuestros enemigos se dieron cuenta de que conocíamos sus intenciones y de que Dios había frustrado sus planes, todos regresamos a la muralla, cada uno a su trabajo” (NEHEMÍAS 4:15).
Podemos confiar en el poder de Dios para usarnos en su servicio.
Día 30 de Ab, año 20
Sambalat nos declaró la guerra. Hoy cabalgó alrededor de la ciudad mientras hablaba como con rugidos: “—¿Qué están haciendo estos miserables judíos? ¿Creen que se les va a dejar que reconstruyan y que vuelvan a ofrecer sacrificios? ¿Piensan acaso terminar en un solo día? ¿Cómo creen que de esas piedras quemadas, de esos escombros, van a hacer algo nuevo?” (Nehemías 4:2). A continuación Tobías dio su discurso. Entre los muchos disparates que dijo, aseguró que hasta un zorro podía trepar por la muralla y desbaratarla.
No pude dejar que se burlaran de ese modo. Oré en voz alta para que me escucharan: “¡Escucha, Dios nuestro, cómo se burlan de nosotros! Haz que sus ofensas recaigan sobre ellos mismos: entrégalos a sus enemigos; ¡que los lleven en cautiverio! No pases por alto su maldad ni olvides sus pecados, porque insultan a los que reconstruyen” (Nehemías 4:4). Los enemigos se escurrieron como de costumbre, pero sé que volverán a la carga. No podemos permitir que paralicen nuestra obra. Uno podría pensar que no debieran ser tan tercos puesto que saben que tenemos una comisión de parte del Rey. Hemos edificado la muralla hasta la mitad de la altura que tendrá. Los obreros están dispuestos a trabajar duro, y yo haré todo lo que sea necesario para ayudarles a continuar.
Día 31 de Ab
Sambalat y Tobías regresaron cargados con palabras aún más venenosas. La situación se ha estado tornando peligrosa. Tuve una reunión con los dirigentes de la compañía esta mañana, antes de comenzar el trabajo. Oramos y decidimos establecer un equipo de guardias para que vigilen de día y de noche. Sambalat no sólo es de mala índole, sino que es hipócrita por añadidura. Nos provoca diciéndonos que estamos en complot contra el rey Artajerjes. Pero alguien me dijo que Sambalat alardeaba de su propio complot, según el cual nos atacaría por sorpresa y nos mataría para detener la obra definitivamente.
Como si eso fuera poco, algunos judíos han comenzado a quejarse del trabajo. Un grupo de hombres me informó que los trabajadores se están cansando y que hay demasiado polvo y escombros para continuar reconstruyendo la muralla. Este último comentario me afectó mucho. ¿Cómo pueden quejarse cuando ya tenemos edificada la mitad de la muralla? Sé que los obreros están cansados. Yo mismo lo estoy. También sé que hay muchos escombros. Tendré que pedir a algunos de los muchachos mayorcitos que los saquen. Pero de ninguna manera podemos permitir que nos desanimen. ¡Estamos tan cerca del final de la tarea!
Otro grupo de judíos que vive cerca de Samaria se presentó con nuevas expresiones de desánimo. Dijeron que nos atacarían en cualquier lugar a donde vayamos. Esos valentones hablaban a gritos, lo cual afectó a un gran número de obreros, a tal punto que disminuyó su trabajo. Hubiera sido mejor que se quedasen en sus casas en lugar de salir a causar daño a gente honrada y trabajadora. Como resultado, los obreros están más temerosos que nunca.
Sabía que tenía que resolver este problema, de modo que hice un plan para defendernos en caso de ataque. Puse algunos hombres en los lugares donde la muralla estaba más baja, y a otros en los lugares abiertos. Me aseguraré de que las familias trabajen juntas y que estén armadas con espadas, lanzas y arcos.
Hoy al atardecer reuní a todos los dirigentes y les di un discurso reanimador. Les dije que no debían temer a Sambalat y a Tobías. Les recordé que el Señor es más poderoso que todos aquellos revoltosos. Les hice ver, además, que era posible que ellos estuvieran más atemorizados de nosotros que nosotros de ellos. Les dije que si era necesario presentar batalla, lo haríamos, porque el trabajo que estamos haciendo es para nuestros hijos e hijas, para nuestras esposas y nuestros hogares.
Después de transcurrido un sábado
Las noticias de nuestros preparativos de defensa llegaron a oídos de Sambalat; pero eso no nos importó. Todos volvimos a trabajar en la muralla. Pero ahora solo podían trabajar la mitad de los hombres. La otra mitad protegía a los obreros.
Aun los acarreadores de materiales lo hacen con una mano apoyada en sus armas. Los constructores llevan ceñidas sus espadas.
Pedí a un trompetero que me acompañara permanentemente. Puesto que los obreros
trabajan en lugares alejados, les pedí que si escuchaban el sonido de la
trompeta, acudieran rápidamente junto a mí. Les aseguré que Dios pelearía por
nosotros.
Un día de trabajo
Ni siquiera sé qué día es hoy. Me resulta difícil llevar cuenta de la fecha.
Trabajamos desde el amanecer hasta el anochecer. Algunos pasamos la noche
cuidando la muralla. Nunca nos quitamos la ropa ni dejamos las armas. Ha
aumentado la altura de la muralla.
Dios está con nosotros. Él pelea por nosotros.
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Dios les bendiga!!!
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