Lección 12 de Intermediarios
AMOR DE LO ALTO
¿Encuentras que es difícil para ti amar a ciertas personas? ¿Has leído 1 Corintios 13 y te has preguntado cómo podrías poseer las cualidades descritas en ese pasaje? Existe un solo origen para esa clase de amor.
1 Corintios 13; Comentario bíblico adventista, t. 6, pp. 772-780.
Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor” (1 CORINTIOS13:13).
Los miembros de la familia de Dios muestran su amor unos a otros.
—Estoy enamorada —dijo Serifa como si caminara por las nubes en la sala de la casa.
—¿Enamorada de qué? —quiso saber su hermano Eliel que estaba mirando televisión.
—¡No se trata de qué, sino de quién! —exclamó Serifa levantando la barbilla con altivez.
—¿Quién está de turno esta semana? —preguntó Eliel burlonamente.
—¡Eliel! —protestó Serifa—. ¿Por qué tienes que ser tan...?
—¿Tan qué? —preguntó Eliel riendo.
—Tan... ¡oh, olvídalo! —dijo la hermana frunciendo el ceño—. De todos modos, cuando venga a cenar el sábado de noche, demuéstrale amabilidad.
—¿Por qué? —preguntó Eliel sin dejar de mirar la pantalla del televisor.
—Porque si no lo haces te acusaré con mamá que rompiste su plato favorito. Te diré de paso que tienes que lavar la loza.
—¡Ese es tu trabajo! —gritó Eliel sentándose muy derecho.
—¡Ya no lo es! —exclamó Serifa mientras salía de la sala.
El sábado siguiente al atardecer, Serifa entró corriendo al dormitorio de su hermano y lo sacudió mientras exclamaba:
—¡Ya está aquí! ¡Ya está aquí!
—¡Primero suéltame! —dijo Eliel—. Ahora dime quién está aquí.
—¡El chico a quien invité a cenar! —dijo Serifa con expresión de gran felicidad.
—¡Ah, él! —contestó Eliel—. Pues, me parece que no es gran cosa. Me parece que en lo que a elección de muchachos se refiere, tienes pésimo gusto.
—¡Eliel, te advierto que es mejor que lo trates con amabilidad! —amenazó Serifa.
—Trataré de hacerlo, pero ya verás lo que quiero decir.
Serifa corrió a abrir la puerta, seguida por Eliel.
—¡Hola, Daniel! —saludó Serifa—. Cómo está, señora Barrios.
Daniel no se molestó en contestar. Se había arrellanado cómodamente en un sillón, mientras su mamá caminaba cargada con una bolsa en una mano y una fuente pesada con comida caliente en la otra.
—¡Hola, Serifa y Eliel! —saludó la señora Barrios casi sin aliento.
Serifa y Eliel corrieron para ayudar justo cuando estaba por dejar caer la fuente con comida.
—¡Daniel! —exclamó la mamá con evidente tono de molestia—, pudiste haberme ayudado.
—Estoy cansado —gruñó Daniel.
Serifa y Daniel intercambiaron miradas y llevaron en silencio los alimentos a la cocina, donde se encontraban sus padres mientras daban los toques finales a los preparativos de la cena.
Durante la cena las cosas empeoraron, porque Daniel se sirvió primero de las mejores porciones de todo. Además, ignoraba a los demás o bien los interrumpía para alardear de alguna hazaña realizada por él o quejarse de algo.
Serifa y Eliel hablaron cada vez menos a medida que la cena avanzaba. Cuando terminaron de comer, la señora Barrios se disculpó porque ella y Daniel tenían que irse para visitar a la abuela del muchacho que estaba en el hospital. Daniel no dijo nada, sino que se limitó a dirigirse hacia el auto sin siquiera mirar hacia atrás.
Cuando se fueron las visitas, Eliel y Serifa les dijeron a sus padres que fueran a descansar, porque ellos se encargarían de lavar la loza y los cubiertos y de dejar todo en orden. Después se reunieron con sus padres que descansaban en la sala.
—La cena fue terrible —comentó Serifa.
—Corrección —dijo Eliel—. Él estuvo terrible.
—Lamento no haberte hecho caso, Eliel —dijo Serifa—. Daniel es un muchacho mal educado.
—Y yo lamento haberte fastidiado, Serifa —se disculpó Eliel.
—Entonces, ¿cuál es la lección que aprendiste? —preguntó la madre.
—Que el amor es ciego. O bien yo era la ciega —dijo Serifa acomodándose en el sillón—. Y Eliel no es tan malo como lo había imaginado. Después de haberme relacionado con Daniel, comprendo que Eliel y yo debiéramos tratarnos mejor.
—Así es, nos fastidiamos de vez en cuando, pero realmente nos queremos como hermanos —explicó Eliel.
—¿Hablas en serio, Eliel? —dijo Serifa acercándose a él y besándolo en la mejilla—. ¡Eso es muy amable!
—No es necesario que te pongas melosa, Serifa —dijo Eliel limpiándose la cara con un cojín.
—Todos aprendemos —interrumpió el padre—. Eliel, por favor pásame la Biblia. Leamos 2 Corintios 13:4 al 8. Se nos ha recomendado leer este capítulo todos los días.
—No quiero leer —se quejó Eliel imitando a Daniel—. Estoy cansado.
—Tienes que hacerlo —amenazó Serifa riendo—, porque si no lo haces te daré otro beso.
Cuando el padre encontró el pasaje mencionado, lo leyó: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. [...] Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue” (1 Cor. 13:3-8).
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Dios les bendiga!!!
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